Donde Dios hace su parte de amor y salvación
Por: Katiuska Fournier De la Cruz, comunicadora de Cáritas Cuba

La ruta de vida de María Dolores Casales Leyva, más conocida por Lola, contiene pasajes que alientan por la profunda resiliencia que tatúa en sus pasos de vida.
A sus 88 años, una mente tan lúcida y hermosa como sus obras, describe su historia de esposa y madre cuidadora, cocinera, beneficiaria y abuela.
De joven su esposo sufrió una enfermedad en su médula que lo llevó a vivir más de 30 años en situación de discapacidad, desafío que le impuso a Lola calcular el tiempo y sortear dificultades para trabajar y proteger a los suyos con esmero.
“Él tenía 36 años cuando quedó totalmente postrado, mis hijas 12 y 2 años. Cáritas creó el comedor Madre Teresa de Calcuta, de la parroquia La Milagrosa y enseguida comenzaron a beneficiarlo con almuerzos tres veces por semana. Ese servicio mejor no puede ser. Ellos dan arreglado a lo que hay. Tienen buenas condiciones y trato para servirlo. Mejor no puede ser.”

“Me faltan dos pedazos de alma. No quisiera ni pensar en esas ausencias. Gracias a Dios mi hija menor me insistió en ir a la iglesia y ella ha sido mi camino de salvación. Estoy en todo y realmente me siento útil y con alegría.”
Como viuda, Lola continuó siendo beneficiaria del comedor del Programa de Personas Mayores, de Cáritas, en la diócesis de Guantánamo-Baracoa y poco a poco se fue sumando al grupo de animación sociocultural, al de práctica de Ta Hi chi, la Casa de abuelos, al Taller de Manualidades y, en los últimos meses, colabora como voluntaria al llevar la comida u otras ayudas a personas enfermas del servicio parroquial.
Desde esos espacios, la vida le depara otros matices de salud física y espiritual que tornan su mirada alegre y sabia, en perfecta sincronía con su dinamismo al vestir y la bonanza de sus enseñanzas a una nieta de 7 años que no se le separa.
“Tengo una fe con todo eso que yo no falto.”

Lola reside en una pequeñísima y frágil casa junto a una hija cuyo salario apenas alcanza para las tres mujeres que conviven en ella. Apagones constantes y disímiles necesidades no minimizan la gracia y buen humor de ninguna, hecho que desconcierta, a la vez que despierta admiración.
Aprender a vivir sin desánimo, con fórmulas de autocuidado y solidaridad, de gratitud a Dios y en constante oración, es el regalo que mantiene a Lola activa y encaminada al bien y la utilidad con su carisma, una ruta de la cual también son beneficiarios otros 25 ancianos del comedor Santa Teresa de Calcuta, cifra que asciende a 700 en toda la diócesis extremoriental de esta isla caribeña, en la que otras manos preparan el alimento a los más vulnerables, en medio de un contexto plagado de limitaciones y retos. Ahí, Dios hace su parte en pos del amor y la vida en la vejez.








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