Día Internacional de las Personas con Discapacidad: apostar por su participación y plenitud de vida

A transformar las diferencias en proximidades como verdadera forma de conversión, invita el Papa Francisco y añade: “Cada vez que la Iglesia hace esto y va más allá cumple su misión profética”.
Por ello, el Día Mundial de las Personas con Discapacidades motiva a la promoción de una espiritualidad de comunión que destierre descartes, sobreprotección y discriminaciones, fecha que nació hace 32 años como iniciativa de la Asamblea General de las Naciones Unidas en busca de los derechos y bienestar de este grupo social.
Límites y dones coexisten en cada persona, vital es entonces la convivencia respetuosa y armónica en pos de la construcción de un mundo más humano y fraterno.
Unos mil millones de personas del orbe viven con alguna discapacidad y la efeméride tiene como prioridad este año la promoción de su liderazgo y participación activa bajo el lema: «Nada sobre nosotros sin nosotros», un enfoque que desafía los paradigmas tradicionales pues promueve el empoderamiento y la representación en todos los niveles de decisión de estas personas.
Ello requiere que ellas y las organizaciones representativas de sus derechos impulsen transformaciones en sus comunidades, por medio de iniciativas dirigidas a su bienestar y desarrollo inclusivo a través del acceso a servicios básicos de calidad, orientación y ayuda ante necesidades, esfuerzos de crecimiento profesional y aspiraciones, entre otros pasos de apoyo.
La conmemoración del Día Internacional de las Personas con Discapacidad en el presente 2024 coincide con dos cumbres mundiales: la Cumbre del Futuro y la Segunda Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social, las cuales se complementarán entre sí para proporcionar una hoja de ruta con miras a procesos de paz y desarrollo sostenibles, que incluyan la discapacidad.

En tal sentido, estos espacios motivan a eliminar las barreras que enfrentan las personas con discapacidad, ya sean las físicas que incumplen los estándares de accesibilidad, limitando su movilidad y participación; las sociales, que imponen estigmas y prejuicios perpetuadoras de la exclusión de sus derechos; educativas, con métodos de enseñanza que dificultan el aprendizaje y la integración de niños y jóvenes con discapacidad; así como las laborales, colmadas de tasas de desempleo por la discriminación y carencia de políticas inclusivas.
Desde la iglesia, la visión sobre la dignidad humana invita a vivir plenamente y contribuir al crecimiento de la sociedad sin descartes: “inspirados por la fe y la convicción de que cada persona es un don precioso para la sociedad”.

Recordemos a San Francisco de Asís, testigo de un amor sin límites por los más frágiles, quien instó a practicar la cultura del encuentro, verdadera riqueza humana.
Desde Cáritas Cuba, la fecha está inmersa en la 2da Jornada Nacional por el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, aliciente de +Alegría y Esperanza, como versa su lema en el camino de acompañamiento y apoyo a beneficiarios y familias.
En esta campaña, se multiplican los mensajes de respeto, acogida, amor e inclusión, acciones que deben replicarse continuamente a nivel pastoral y social, pues como afirma el Papa Francisco:
“No hay inclusión, de hecho, si falta la experiencia de la fraternidad y de la comunión mutua… No hay inclusión si falta una conversión en las prácticas de la convivencia y de las relaciones. Es un deber garantizar a las personas con discapacidad el acceso a los edificios y a los lugares de encuentro, hacer accesibles los lenguajes y superar barreras físicas y prejuicios… Me llama mucho la atención cuando el Señor cuenta esa historia del hombre que había hecho la fiesta para la boda de su hijo y los invitados no vinieron. Llama a los sirvientes y les dice: «Vayan al cruce de las calles y traigan a todos». «Todos» dice el Señor: jóvenes, viejos, enfermos, no enfermos, pequeños, grandes, pecadores y no pecadores… ¡Todos, todos! Ese es el Señor: todos, sin exclusión. La Iglesia es la casa de todos, el corazón del cristiano es la casa de todos, sin exclusión. Debemos aprenderlo. Nosotros que estamos, muchas veces, un poco tentados de ir por el camino de la exclusión, no: inclusión.”
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