Desde el sitio más alto de Matanzas Dios nos habla
Fotos: Lourdes Abuin
Por: Lianet Fundora Armas

La Loma del Pan es el punto más alto de la provincia de Matanzas. Escalar sus alrededor de 382 metros de altura con adolescentes del programa Grupo de Desarrollo Humano (GDH) fue un sueño acariciado especialmente por la hermana Sor Yadanne y por Yailén Guzmán, coordinadora diocesana de GDH.
Discernir cuáles serían las propuestas que animarían el trayecto hacia la cima resultó un tema complejo. Finalmente, el Espíritu Santo les iluminó desde el texto bíblico que relata la transfiguración de Jesús en el monte Tabor. Ese momento donde su esencia divina se revela ante los discípulos Pedro, Santiago y Juan constituye un acontecimiento de oración donde Jesús muestra ser Uno con el Padre.

Dicho pasaje revela además, la aparición de Moisés y Elías que simbolizan la Ley y los Profetas. Así como Pedro expresó “Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres tiendas”, los beneficiarios compartieron tres instantes cruciales en su periplo.
“En la primera tienda descubrieron los 10 mandamientos revelados por Dios a Moisés. Seis a través de imágenes y el resto mediante escenificaciones creadas por ellos mismos. Quisimos que aprendieran a contemplarlos no como restricción o renuncia, sino el modo en que nuestro Padre nos cuida.

“En la segunda tienda les invitamos a apreciar la figura de Elías quien resume en su testimonio la esencia de los profetas, hombres llamados por el Señor para anunciar su palabra. Les mostramos dos vasos desechables, uno vacío y otro con agua. Al acercar una vela al primer recipiente, de inmediato se quebró ante el calor del fuego; sin embargo, el que estaba lleno se mantuvo intacto.
“Así es nuestra vida. Cuando no le concedemos a Dios un sitio somos como el primer vaso que se rompe y doblega ante las adversidades. Por el contrario, si le damos el primer lugar y nuestra alma se encuentra rebosante de su Santo Espíritu, experimentaremos cansancio, tentaciones, pero nos sostendrá su fuerza y su gracia”, explicó Yailén.
En la última tienda tuvo lugar la Eucaristía, justo en lo más encumbrado de ese punto de la geografía matancera situado al Suroeste del Valle del Yumurí.


El retorno también representó un desafío para muchos, pero quienes abrieron el corazón al sentido del encuentro descendieron con un brillo distinto en la mirada, una sensación iluminadora que estremeció a los padres y se multiplicó en palabras de gratitud hacia el equipo de Cáritas y las Hijas de la Caridad.
No fue en el esfuerzo que vuelve la frente sudorosa; ni en las piernas que parecen flaquear donde los más jóvenes descubrieron el rostro del Señor. Su mirada tierna les habló desde la brisa suave y a través de la alegría que supone vivir como hermanos una experiencia estremecedora.
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