De un cielo y su melodía
Por: Aliuska Ponce de León
Santiago de Cuba,- Al adentrarse en un lateral del hermoso patio de la iglesia La Santísima Trinidad, en Santiago de Cuba, el visitante descubre un espacio donde hombres y mujeres laboriosos hacen de la vida la mejor razón.

Los chalecos verdes distinguen a los voluntarios y, aunque su entrega y compromiso hablan por sí solos sin necesidad de slogan, a sus espaldas, en grandes letras, exhiben la frase de la Santa de Calcuta: “El fruto del amor es el servicio”.
Actualmente el espacio no se parece a lo que fue en sus inicios; inicialmente se desarrollaba en las galerías del patio central. Este comedor, desde su fundación, siempre ha sido atendido por Cáritas, junto a los hermanos claretianos y a la indispensable red de voluntariados. Hoy cuenta como peculiaridad con la colaboración de veinte voluntarios parroquiales que se distribuyen por turnos cada semana.

Los beneficiarios totales llegan al centenar y la dedicación de los que allí sirven parece infinita. “Ofrecemos servicios de martes a viernes, de 11 a 12.30 de la mañana. Aquí en este local comen actualmente solo unos 15 abuelos, porque a la mayoría se les lleva a su casa: hay muchos postrados o con dificultad al caminar, y otros con demencia senil”.
En épocas pasadas, el servicio se brindaba en los corredores del patio central y sobrepasaban las 80 personas, por lo que se necesitaban dos turnos para ser atendidos. Mireya, primera responsable de Cáritas en esta parroquia, en la que sirvió de voluntaria durante más de 20 años; el hermano Osvaldo Morales (lasallista) y la Dra. Laura Sagué (farmacéutica); fueron sus fundadores y su impronta parece permanecer aún en el lugar.

Cada mes el corazón de las personas atendidas aquí se alegra cuando llega hasta ellos el servicio de peluquería y podología, o cuando tras un esfuerzo conjunto se les da algo para su aseo personal. Para los que la salud les permite la movilidad, los viajes a la playa o a la Cuquita, el hermoso lugar de aguas termales del municipio Guamá, les llena de entusiasmo.
Manolo, hermano claretiano y responsable de Cáritas en la parroquia actualmente asevera: “Cuando uno hace algo, debe saber por qué lo hace. Aquí no podemos olvidarnos de eso. Esto no es un simple servicio, es un compromiso con Dios que uno hace por la gente…”.

Ya nadie podrá negarle al visitante que lo visto por él es un pedazo de cielo sin necesidad de cantos angélicos, pues el sonido de cucharas y cacerolas es su mejor melodía.

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