Cuidar: un acto de amor sublime
Fotos: Lourdes Abuin y cortesía de las Cáritas Parroquiales.
Por: Lic. Maydén Díaz Sánchez (abogada de Bufetes Colectivos de Matanzas), MSc. Maylín Ugalde Pérez (psicóloga y máster en Educación Médica) y Lianet Fundora Armas.

El calendario proclama que es 29 de octubre y resulta imposible no dirigir una mirada a quienes sostienen las manos de sus seres queridos para hacer más llevadera cualquier dolencia, aquellos que, más allá de las ínfimas horas de sueño y los incontables segundos de esfuerzo, asumen la responsabilidad de ser cuidadores como un acto de amor sublime.
El Día Mundial de los Cuidados y el Apoyo fue instituido por las Naciones Unidas para reconocer la importancia de invertir en la economía del cuidado y crear sistemas sólidos, inclusivos y respetuosos de los derechos humanos, que respondan a las necesidades de todas las personas, sin importar su género, edad o discapacidad.
En medio de una Isla marcada por el envejecimiento poblacional, el difícil contexto económico y la emigración que quiebra la unidad de las familias, dialogar sobre el tema implica adentrarse en el terreno de la vulnerabilidad, pero también en la máxima expresión de la dignidad humana, ese valor que Cáritas defiende a ultranza.
El arte de cuidar y cuidarse



“Desde la Psicología, el cuidado es mucho más: es un puente de conexión emocional y un proceso donde la salud mental y emocional transita en dos sentidos”, afirma la MSc. Maylín Ugalde Pérez, psicóloga y máster en Educación Médica.
Cuando una persona atraviesa una enfermedad o un proceso de pérdida de autonomía, su mundo interno se tambalea. El miedo, la incertidumbre, la sensación de inutilidad o de ser una carga suelen golpear con fuerza. Es aquí donde un cuidado efectivo, respetuoso y sano actúa como un auténtico bálsamo psicológico.
“No es solo recibir asistencia física (medicamentos, higiene, alimentación); es saber que el otro está presente con una mirada compasiva. Validar sus emociones, permitirle expresar sus miedos sin menospreciar su dolor reduce drásticamente los niveles de ansiedad y depresión asociados a la enfermedad.
“El afecto sincero y la presencia amorosa estimulan la liberación de neurotransmisores asociados al bienestar y disminuyen la sensación de soledad, un factor que agrava cualquier cuadro clínico. El cuidado empático le recuerda a la persona que sigue perteneciendo a una red humana que la valora”, destaca la especialista.
De igual forma, llama la atención sobre el hecho de que durante mucho tiempo se ha romantizado la figura del cuidador bajo la idea de que «debe poder con todo» y anularse a sí mismo por el bienestar del otro.
“Un cuidador agotado, estresado y sin espacios propios pierde la paciencia con mayor facilidad, se desborda emocionalmente y, en consecuencia, disminuye la calidad del servicio que ofrece.
“Uno de los mayores retos es gestionar la culpa: sentirse mal por descansar, por desear un respiro o por sentir, en algún momento, frustración. Es preciso comprender que se trata de una emoción natural, pero injusta en este contexto. El descanso no constituye un acto de egoísmo, sino una necesidad biológica y psicológica”.
Velar por uno mismo implica poner límites sanos, pedir ayuda a otros miembros de la familia o la comunidad, y reservar momentos, por breves que sean, para la desconexión y el cultivo de la propia identidad más allá del rol de cuidador. Un cuidador con apoyo emocional y espacios de autocuidado es más resiliente, paciente y presente.
El cuidado como responsabilidad familiar y social
La Constitución de la República de Cuba de 2019 establece principios relacionados con la dignidad humana, la igualdad y la protección de las personas y las familias. Estos fundamentos deben orientar la interpretación y aplicación de las normas que regulan los cuidados, así como la atención a las personas en situación de vulnerabilidad.
En este sentido, sobresale la Ley No. 156 de 2022, Código de las Familias, que dedica su capítulo VII (artículos 413 al 420) a las personas cuidadoras familiares.
Según lo establecido en el artículo 413, se reconoce como tal a quien asume, total o parcialmente, la atención de uno o varios integrantes de su familia que, por razones de edad, enfermedad o discapacidad, se encuentran en situación de dependencia para realizar actividades de la vida diaria y satisfacer sus necesidades materiales y emocionales.
Por otra parte, el artículo 415 establece que, en las decisiones relacionadas con el cuidado, deben respetarse la autonomía, las voluntades, los deseos, las preferencias y la dignidad de la persona atendida; mientras que el 416 contempla la actuación del Estado, la sociedad y las familias para prevenir el abuso, la explotación, la discriminación y la violencia, tanto contra la persona cuidadora como contra quien recibe los cuidados.



Para el equipo diocesano del Programa de Personas Mayores de Cáritas Matanzas, la formación en esta y otras temáticas deviene prioridad, teniendo en cuenta que el desconocimiento, la inflación y los escollos en el acceso a recursos vitales, entre otros aspectos, tornan más complejo el papel del cuidador.
Gracias al apoyo de la Lic. Maydén Díaz Sánchez, abogada de Bufetes Colectivos de Matanzas, fue posible desarrollar un encuentro en el que se abordó la protección jurídica de las personas cuidadoras de familiares en situación de vulnerabilidad.
“Recuerdo aquella jornada con especial sensibilidad, pues entre los participantes se encontraban madres con hijos discapacitados, mujeres que conocen de cerca las exigencias cotidianas del cuidado, así como voluntarios de Cáritas procedentes de diferentes territorios, algunos alejados de la ciudad.
“Aquel espacio tuvo una importancia que iba más allá de la transmisión de conocimientos jurídicos. Representó la ocasión de acercar el Derecho a personas que necesitaban conocer las herramientas legales que pueden contribuir a su protección y a la de sus seres queridos”, refiere Maydén.
Argumenta también que la educación jurídica es clave en la prevención y la orientación.
“Conocer los derechos puede ayudar a detectar situaciones de discriminación o violencia y buscar apoyo cuando las requerimientos del cuidado superan las posibilidades individuales. Se trata, sin dudas, de una forma de protección y empoderamiento. Cuando una persona cuidadora conoce las garantías que reconoce la ley, puede buscar orientación y acompañar a su familiar con mayor seguridad”.
Cáritas Matanzas: brazos que se ofrecen a servir



En la Parroquia de San José, perteneciente a Colón, el grupo Cuidado con amor nació con el objetivo de atender y acompañar al adulto mayor, teniendo en cuenta sus necesidades físicas, emocionales, sociales y cognitivas.
Nancy Patricia Amador Herrera, responsable de Cáritas en dicha comunidad, evoca la delicadeza con que los voluntarios brindan el servicio de afeitado, pelado y manicure, sin olvidar aquellos instantes en los que se fortalece la mente y el espíritu a través de la palabra de Dios.
“Con respeto y salvaguardando la intimidad de cada persona, lavamos la ropa de beneficiarios deambulantes y les permitimos bañarse”, señala Nancy.



Y es que el Programa de Personas Mayores de Cáritas Matanzas ha sembrado en toda la diócesis el anhelo de trabajar sin descanso por el bienestar de quienes viven la tercera edad. En parroquias como la de Agramonte y San Antonio de Padua, en Cabezas, encontramos también ejemplos de este servicio que contribuye a elevar la calidad de vida y la autoestima.
No se trata solo de los comedores parroquiales que, sorteando todas las dificultades, siguen llevando el alimento a la mesa de tantos hermanos; sino también de los grupos de animación sociocultural donde se intercambian experiencias y se favorece la integración social.
Dirigir una mirada hacia el 2026 es rememorar los encuentros intergeneracionales y la visita a hogares de ancianos como los de Limonar y Cárdenas, donde las sonrisas de los adultos mayores constituyeron el mejor obsequio para el voluntariado.
Otro de los aspectos esenciales ha sido el acompañamiento. La visita a enfermos, la mano que se extiende para sostener a sus cuidadores y mostrarles la fortaleza que viene de la fe.
“Acompañar es compartir recuerdos. Tengo la oportunidad de visitar a Isolina Bella Galbán, poeta ilustre de Matanzas que enfrenta la ancianidad en medio de una soledad visible. Sin embargo, después de sentir la cercanía de Cáritas, su corazón se ha llenado de esperanza. Hemos construido una amistad, he escuchado sus miedos, la historia de su vida, he procurado su participación en espacios socioculturales. Verla sentirse útil y querida me hace feliz”, confiesa Lourdes Abuin, formadora diocesana de PPM.
De igual forma, las formaciones llevadas a cabo tributan a la capacitación gerontológica en diferentes temas, como la nutrición en las personas mayores, impartida por la doctora Ibis Umpiérrez García, especialista en Gastroenterología del Hospital Militar Dr. Mario Muñoz Monroy; o la celebración del Día Mundial del Alzheimer, con la intervención de la Dra. Nora Liz Gómez Domínguez, especialista en Medicina General Integral y en Geriatría y Gerontología, quien se desempeña actualmente como jefa provincial del Departamento del Adulto Mayor, Salud Mental, Asistencia Social y Discapacidad.
Otro de los instantes cruciales fue el espacio Aprendiendo a vivir con…, que contó con la presencia de la Dra. Clara Laucirica Hernández, especialista de Primer y Segundo Grados en Medicina Interna, con dos títulos internacionales en Bioética y gracias a cuya labor se materializó en el Hospital Provincial Faustino Pérez la creación de la Unidad de Cuidados Paliativos (UCP), primera de su tipo en Cuba.
La conferencia impartida por Clarita permitió comprender que velar por quienes sufren una enfermedad terminal es una forma de proclamar el Evangelio, de dar testimonio a favor de la vida.
Como expresara el papa Francisco: “Jesús selló su cuidado hacia nosotros ofreciéndose a sí mismo en la cruz y liberándonos de la esclavitud del pecado y de la muerte. Así, con el don de su vida y su sacrificio, nos abrió el camino del amor y dice a cada uno: Sígueme y haz lo mismo”.
Cuidar y ser cuidado son dos caras de la misma moneda. Ambas dimensiones nos revelan como seres interdependientes: necesitamos de los demás para sanar, y sanamos también cuando acompañamos al otro. Que esta conmemoración sea un llamado a valorar y allanar el sendero de quienes día a día se entregan a esta labor con dedicación y ternura.
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