cuidar con dignidad en el taller de Cáritas Pinar del Río

Por Elena Fernández Silva

taller de Caritas Pinar del Rio 10

“Unos meses antes del curso mi madre enfermó, pasé días muy malos, soy única hija y no me había enfrentado a tal situación. Sin aprendizajes previos fui cuidando de mi madre, que gracias a Dios hoy está bastante bien”. Esa experiencia, vivida a solas y sin red, la motivó a buscar herramientas en el taller de adiestramiento para cuidadores de enfermos, coordinado por el Programa de Personas Mayores de Cáritas Pinar del Río.

Aileen Leal Flores valora profundamente lo recibido. “Ahora puedo ordenar mucho mejor las labores cotidianas del cuidado, atender la alimentación y la medicación con más claridad y más calma”. Una de las grandes angustias que la acompañaban, esa sensación de poder perder a su madre, hoy la gestiona de otra manera. Y aunque el miedo no ha desaparecido del todo, ahora hay un pequeño espacio de respiro donde antes solo había vértigo.

El curso de adiestramiento, organizado en cuatro encuentros formativos, ofreció herramientas prácticas y emocionales para sostener la vida de los adultos mayores con respeto y amor. Los contenidos abordaron desde la comprensión del envejecimiento como fenómeno poblacional e individual, hasta las enfermedades más frecuentes en la tercera edad y los síndromes geriátricos de mayor riesgo. Cada explicación estuvo a cargo de especialistas como los doctores Joaquín Pérez, Pedro Reyes y Niel Acosta, así como el hermano marianista Ignacio, quien ofreció una mirada serena sobre la vida y la muerte.

Las últimas dos jornadas contaron con la participación de estudiantes de Medicina y Enfermería del proyecto comunitario “Alas para ti con Amor”, que conduce la Dra. Damaris Cabrera. Los jóvenes representaron breves escenas sobre salud mental en la vejez y el silencio del maltrato. Asimismo, la facilitadora Sarah Nuñez brindó claves para romper barreras comunicativas y fomentar redes de apoyo, sin olvidar la importancia de soltar rencores y abrirse a la espiritualidad como camino hacia el bienestar.

En la jornada práctica, quizás la más esperada, dos estudiantes de Enfermería, junto a la Lic. Bárbara Yusley Díaz, mostraron con ternura y precisión cómo realizar tareas que parecen pequeñas pero que son enormes: el aseo de la boca y los ojos, el baño, la movilización, el cambio de ropa.

Fue durante esa jornada práctica cuando a Carlota Arroyo le sobrevino un recuerdo agridulce. “Yo cuidé a mi mamá. Le hice las cosas con mucho amor, y en el curso me percaté de que en ocasiones actué mal inconscientemente. Por ejemplo, le di agua acostada de forma incorrecta por desconocimiento, y ahora ya sé cómo hacerlo bien”. Su testimonio es una constatación de que cuidar también es un oficio que se perfecciona con el tiempo y la formación adecuada. Y antes de despedirse, deja grabada una frase que, dice, se llevó del taller: “La paciencia es el superpoder”.

Al cierre del curso, otros participantes calificaron la experiencia como revitalizadora, muy instructiva, interesante y orientadora. Y pidieron más. Solicitaron nuevos espacios para actualizarse, compartir experiencias y seguir aprendiendo. Carlota, desde su rol de visitadora de enfermos, sugirió hacer extensivo este tipo de formación a quienes, como ella, recorren los hogares llevando consuelo y compañía.

Y Aileen, por su parte, dejó una frase que bien podría resumir el espíritu de todo el taller: “Cuidar del adulto mayor requiere amor infinito porque es exigente”.

El curso terminó un miércoles. Pero el oficio de cuidar apenas comienza. En Cáritas Pinar del Río seguirán creando espacios donde los cuidadores encuentren no solo conocimientos, sino también el reconocimiento que merecen. Porque cuidar con dignidad es también un acto de justicia.

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