Cuatro destinos necesarios, manos que multiplican la cercanía y el apoyo a los damnificados
Texto: Equipo de comunicación de Cáritas Cuba y Guantánamo-Baracoa
Foto: Sor Beata Kruszewska y Katiuska Fournier
Bajo lluvias constantes, la difícil ruta de Moa, en Holguín, permitió llegar hasta las localidades de Baracoa y Maisí con alimentos y otros recursos para aliviar la compleja situación, derivada del huracán Oscar y causante de severas inundaciones en esa zona extremoriental, de la diócesis de Guantánamo-Baracoa.


El equipo diocesano que atiende las Emergencias, al siguiente día del temporal, realizó las compras con fondos de Cáritas Cuba y donativos monetarios de Friends of Caritas Cuba, siempre cercana a esta nación y sus necesidades.
Un tortuoso vial mantuvo en vilo a choferes y viajantes, a la par que el paisaje revelaba escenas de una naturaleza de rodillas pero verde aún, hermosa pese al castigo de estos días.

En la parroquia San Juan de Mata, ubicada en la comunidad de Playa, de la localidad de Baracoa, sucede la primera parada: un amasijo de emociones se entremezcla con los voluntarios del servicio de comedor y otros programas de Cáritas. Las historias vividas exponen los miedos, sorpresas, pérdidas, gestos de ayuda y más…

De esa zona, nos cuenta la animadora del Programa Grupos de Desarrollo Humano, Yuneisi Montada Sánchez, que los doce niños del taller y familias sufrieron inundaciones en sus viviendas:
“Nadie aquí escapó a la inundación. La casa de una de las niñas se derrumbó completamente y el resto tiene los colchones mojados, ropas, todo. Ha sido triste porque nadie esperaba esa creciente, que fue en horas de la madrugada. Las personas han perdido sus cosas. Es doloroso ver tu casa inundada, tirarte al piso y sentir el agua fría. Ha sido desastroso.”
P: ¿Qué hacen ahora?
“Visitar, acompañar, animar y ayudar en la recuperación de la comunidad. Tengo dolores de espalda de sacar agua en mi casa y la de vecinos pero así nos servimos”.
Se dejan allí los alimentos del comedor parroquial, las voluntarias del Programa de Personas Mayores se encargan de su elaboración e incluso, de llevar la comida elaborada a los beneficiarios, cuyas limitaciones físicas no lo permiten.


La carretera mojada conduce hasta la parroquia del centro de esta ciudad de más de cinco siglos, Nuestra Señora de la Asunción: El padre Massimo nos recibe junto a un grupo de sacerdotes y seminarista italianos que colaboran en la descarga del camión donde se transportan los suministros de esta emergencia.
“Mucha gente ha sido afectada por las lluvias, inundaciones, la falta de corriente. Visitamos ya comunidades de Santa María, Nabas, Nibujón, Cabacú y otras en las que hemos entregado comida a las familias, como signo de cercanía y primera ayuda. Con esto que trae Cáritas podremos llegar a muchas más.”

En la comunidad de Cabacú, Lázaro Raulicer Borges Díaz, coordinador de Cáritas en Baracoa, viste capa y botas. Un aguacero inmenso espera al equipo mientras se reubican los víveres a un lugar seguro, con los cuales se confeccionan módulos variados de alimentación y aseo a familias perjudicadas por el meteoro.

El curso de esta respuesta humanitaria prosigue hasta la parroquia San Isidro, en Maisí, región que denota el último pedacito del oriente cubano.
El padre italiano que se estrena hace pocos meses en esa iglesia, Sergio, expresa:

“Las zonas más afectadas son Sabana, Cupey, La loma de Maya y Punta de Maisí. Los perjuicios mayores están en los cultivos, sobre todo de plátano y café. También hay derrumbes de casas y aún se carece del servicio de electricidad.
Hemos ido a casi todos lados, excepto la comunidad de La Tinta pues su camino aún no lo permite, tampoco a las que se ubican en la zona sur como Boca de Jauco y Río Seco. Entregamos algunos recursos y merienda a los niños en las comunidades que pudimos visitar.”
Experiencia de comedores en tiempos de emergencia
Un plato caliente llega a casa de Paula, una anciana de la ciudad de Imías cuyo esposo está enfermo. Su hogar aún muestra huellas del desorden ciclónico. Los vecinos la ayudan a limpiar.

Paula describe cómo entró el agua, su susto al ver cómo el agua crecía como nunca en cuarenta años de vivir allí.
“Estoy viva gracias a un vecino que oyó mis gritos. Me han atendido a mí y mi esposo hasta ahora. Esto ha sido un desastre grande. El río entró donde nunca antes, hasta el “Charrasco”. Gente que vive aquí antes que yo, aseguran que jamás pasó algo así.”


Paula y su esposo reciben el almuerzo de uno de los comedores creados para la actual emergencia.
Nelvis, animadora y catequista de la Iglesia Santa Rosa de Lima, la entrega cada día a las once de la mañana.
“Estoy ayudando en la comunidad a llevar el almuerzo que se prepara a las personas más vulnerables. En la comunidad de “El Rincón” hay muchos desastres, entre ellas tres casas destruidas totalmente. Visitamos a familias damnificadas de esa comunidad, además de “El Canal” y El Salao”. Entregamos módulos de alimentos y agradecen la voluntad de ayuda de la iglesia. Se ha podido dar aceite, arroz, granos, pastas, sopas, latas de carne y pescado, leche y productos de aseo.”


Estos comedores sacian necesidades hoy de muchas familias en zonas de San Antonio del Sur e Imías. El sacerdote Lucas, que acompaña esas parroquias dice que hay disponibilidad de ellos en 9 comunidades de San Antonio del Sur e Imías.


Acerca de la entrega de módulos que contienen alimentos y productos de aseo, refiere que se benefició a familias de Pan de azúcar, Oquendo y parroquia de San Antonio del Sur, mientras que en Imías lo recibieron personas de El Salao, El Rincón, Los Pinos, Línea 1, Jesús Lores y Playa.
Más historias colman estos cuatro destinos necesarios del periplo que se narra aquí. En cada sitio, muchas manos multiplican la cercanía y el apoyo a los damnificados. De esas, continuaremos contando en este espacio digital.














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