Cuando el otro es Cristo
Por: Aliuska Ponce de León
“Hagamos, porque es bello, el bien”.
Rubén Darío
El amor atrae de tal modo que casi nadie puede resistirse. Por eso, aunque la hora oficial de entrada a la casa de abuelos del Programa de Personas Mayores de Cáritas en Santiago de Cuba se marca a las 9 de la mañana; es muy habitual ver ya a algunos abuelitos acercarse a este sitio desde las 7.30 o las 8.
Dennis, uno de los voluntarios de Cáritas, comenta: “Ellos se sienten muy bien aquí, algunos llegan para asistir primero a misa…incluso, hay muchos de la calle que nos preguntan cómo ellos pueden entrar”.
La caridad se respira por doquier. No es extraño, por ejemplo, que Clara Consuegra sea una de las voluntarias a pesar de su discapacidad. Otros nombres se incluyen en esa gran lista de personas para las que la solidaridad y el amor son una forma de vida: Kary, Pepe, Serafina, Cuca y otros que han convertido a estos adultos mayores en parte esencial de su existencia.
“El comedor funciona de martes a sábado. Tres días atendido por Cáritas y dos por los padres Paúles. Gracias a esto, es casi una semana entera de asistencia. Somos tres voluntarios fijos aquí, pero hay otros que se incorporan a ayudar durante la semana”, refiere Kary Cosme Zaldívar, quien es, además de voluntaria, la principal responsable del comedor en San Luis.
A sus ya setenta años, Ibis Leyva Parada no se detiene y es quien, con gran dedicación, se dedica a cocinar y ofrecer su sazón a todos.
Cualquier época del año es propicia para que aquí germine la luz, esa que existe más allá de un árbol de Navidad y transforma todo lo que toca. “A los que se encuentran postrados y no pueden llegar hasta aquí, se les lleva el alimento a su casa”, explica Kary.
Afortunadamente, el comedor no sólo se limita a brindar alimento a veinticinco beneficiarios, sino que este espacio se aprovecha también para otras iniciativas con ellos: visitas al Cobre, alguna caminadita a la capilla de San Roque, partidas de dominó, charlas educativas y los necesarios ejercicios matinales dirigidos por Alicia Hernández, Licenciada en Cultura Física.
Contiguo al templo San Joaquín, el comedor lleva el nombre de Santa Luisa de Marillac, la patrona de los trabajadores sociales y cuidadores, quien reformó en la Francia del siglo XVII la atención que entonces se daba en los hospitales, orfanatos, asilos e instituciones psiquiátricas.
Los voluntarios de este comedor se hacen eco diariamente de aquellas palabras que Santa Luisa pronunciara en su época: “Amar a los pobres y honrarlos como honrarían al propio Cristo”.
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