Cuando el amor crea habilidades

Texto y fotos: Roberto Vázquez Pérez

1 Aprendiendo a crecer en Cardenas convert.io

 Oportunidad para acercarnos a la realidad de cómo personas con discapacidades físicas o mentales pueden intercambiar socialmente, regalar amor y hacer que los entendamos mejor, resultó el encuentro de los 23 muchachos y muchachas integrantes del grupo Caminos de alegría, del programa de Cáritas Aprendiendo a crecer, en la parroquia La Purísima Concepción, de Cárdenas, en la Diócesis de Matanzas.

Glenda Peña Rodríguez, joven de 22 años, con Síndrome de Down, muestra cómo realiza modelajes en diferentes espacios de su localidad y en el cercano balneario de Varadero.

Con locuacidad y clara expresión, habla del cariño a sus vecinos, de su amor al padre adoptivo Ignacio La Hoz Mir, quien la ha guiado desde que tenía cinco años de edad, y a cuantos conviven en su entorno, porque muestra secuencia de fotos donde destaca su naturaleza educada.

Muestra una dedicatoria hecha por sus colegas de la academia de Modelaje Jokerstudio cuando se graduó: “Para nuestra pequeña Glenda, nuestra Luz. Con todo el cariño de Ana, Josué, el Chino y todo el equipo de Jokerstudio”.

2 Aprendiendo a crecer en Cardenas convert.io

“Me gustan las novelas”, dice  para después integrarse a la música y el baile que comienza. Por su parte, Ignacio refiere de ella que tiene un carácter muy sociable y que es selectiva para hacer amistad con personas de bien.

La mañana proporcionó ocasión para otra sorpresa, cuando la adolescente Gretel Mayor Blanco —también con Síndrome de Down— pidió un turno para recitar unos versos.

Y disfrutaron de canciones, bailes improvisados, manualidades, repartos de dulces y regalos de postales, pulsos y rosarios confeccionados en este taller por otros beneficiarios como Alexis Hernández Montero, a quien su discapacidad física no le impidió unos pasos para acompañar la rueda musical; así como Liane Yanes Larrauri, con síndrome de Prader-Willi, quien fue llevada por su madre para que disfrutara del jolgorio en el salón; y José Rigau Salgueiro, quien se permitía pedir “una pieza” para bailar.

Acompañados por sus familiares, estos jóvenes desarrollaron sus posibilidades para cultivar valores, como la recordación a las madres por el trabajo que realizan todos los días y por crear un mundo de amor entre todos, como lo reconocieron la Dra. Carmen M. Ulloa Gómez, coordinadora diocesana, y los formadores Juan Fredys Caballero y Liliety Troya.

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Roberto Vázquez Pérez
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