Con las dos manos
Por: Katiuska Fournier de la Cruz, comunicadora de Cáritas Cuba

Vista Alegre es una comunidad holguinera con un espíritu y andar sinodal admirables.
Los espacios aledaños a su parroquia “Nuestra Señora de los Dolores”, acogen a beneficiarios del Taller de laborterapia y el servicio de comedor del Programa de Personas Mayores, de Cáritas, en un ambiente en el que todos donan habilidades, recursos y entusiasmo.
Una amplia pared exhibe hermosas confecciones manuales, cerca de ella, varias manos juegan al bingo y dominó entre risas que adornan años de sabiduría.
Un poco más lejos, el humo del carbón perfuma el aire y llegar a la cocina es un regalo a la vista. En ella, tres mujeres esparcen orden, higiene y olores en combinación perfecta.

“Pasé por experiencias familiares tristes, perdí a mi esposo en la pandemia y mi hija emigró. Servir aquí es una tarea que me llena mucho. Cáritas me da de regocijo. Dios manda a servir y espiritualmente gano mucho.”
El comedor de Vista Alegre sirve dos almuerzos y un desayuno a 39 ancianos en estado de vulnerabilidad de Vista Alegre cada semana, ya sea en este servicio parroquial o en las casas de beneficiarios con delicada situación de salud.

La sonrisa perenne de Adelina Cuesta, a quien todos llaman Adela, sugiere el diálogo. Es una mujer con delantal que reseña la historia del templo con una pasión extraordinaria, a la vez que narra las rutinas y bendiciones del servir:
“Esta parroquia fue bendecida en 1957 y los terrenos fueron donados por la familia Dolores, a quien debe su nombre el templo. Se abre de 9 de la mañana a 12 meridiano. Con la venta de almanaques, estampas y otros artículos religiosos se crean fondos para la iglesia. Recuerdo que al iniciar el servicio de comedor atendía a siete ancianos y hoy asciende a 39. Cáritas apoya con las dos manos y tenemos mucho apoyo del coordinador del Programa de Personas Mayores de la diócesis, quien nos hace visitas de acompañamiento.
¿Cómo colabora la comunidad?
“Los primeros domingos de cada mes ponemos una caja para las ayudas del comedor y cuando se lleva al altar para la bendición del padre, la caja pesa. Ahí el que no puede echar un poquito de arroz, echa 50 pesos y cuando vienes a ver, hay miles de pesos. Es muy generosa esta comunidad.”
Para Adela, este servicio es su fuente de felicidad porque lo presta a Dios mismo y admira el agradecimiento de los beneficiarios a cada gesto de ayuda y alimento.

La tercera voluntaria en la cocina es Cuqui, un rostro noble y manos rápidas cuyos 77 años disponen la vida a “ayudar en todo cuanto puede”.
“Mi nombre es Isledis Pupo Pérez y aquí coopero en todo lo que haga falta. Yo perdí hace cinco años a mi madre, quien me inculcó el servir. Llevo el almuerzo a varias personas que no pueden caminar y es gratificante cuando te dicen tantas cosas lindas: Que Dios te proteja, Que Dios te pague y eso te da más fuerza. Hasta que yo pueda y siga caminando seguiré reviviendo en este quehacer.”
Pese a los multiplicados cortes de electricidad, se mantiene cada prestación sin que ello influya en el resultado final de la actividad. Así lo reconocen los beneficiarios:

Milagros Ortíz Batista: Llegamos al desayuno y la pasamos bien, conversamos, jugamos dominó y bingo. Nos entretenemos y pasamos mejor el día. Estoy operada y asisto siempre. Las comidas son exquisitas y la atención es muy buena. Cuando no podeos venir, nos visitan y llevan la comida.
Héctor Riverón Pérez: Hace dos años vengo a este comedor y desde el primer día me gustó tanto que vengo cada semana. Son muy atentos y preocupados por ayudarnos. La pasamos bien conociendo gente maravillosa. Es entretenido todo aquí. Siempre aprendemos algo nuevo. No imaginé una vejez así y he aprendido cómo alimentarme adecuadamente, evitar las ingesta en la noche y otras cosas que me ayudan a vivir mejor. Transmitimos nuestros conocimientos y experiencias a las nuevas generaciones.
Jorge Ávila: Conversamos y compartimos con otras personas y uno intercambia de variados temas. Las cocineras son buenas y el servicio también. Del menú que preparan todo me gusta. Valoro mucho esta atención.
Vilma María Palau García: Soy fundadora de este servicio y ayudo en todo lo que se pueda hacer. Limpio, converso, organizo, participo en el Taller de costura. Aquí estamos para todo. Pongo flores para adornar y me siento muy bien aquí.

Cada palabra la acompañan de sonrisas, esas que transmiten la dicha de sentirse acompañados en ese pedacito de día cuya fe, experiencias y servicio animan los sueños y la esperanza.













Visitas: 61


Hermosa labor la de ese colectivo.!!!