Con esta familia se conoce la gramática del amor

Katiuska Fournier

Guantánamo-Baracoa, 24 de julio de 2022— Al cruzar el umbral de la casa, la abundancia espiritual de la familia que la habita contrasta de golpe con lo poco que pudiera parecer que tienen en el plano de lo físico. En la humilde vivienda, todos vuelcan sus cuidados hacia Gloria Semanat Meriño, una guantanamera de 78 años cuyo estado de salud le impone dependencias para actividades físicas de su cotidianidad.

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Hace 5 años su hermana Ada, de 71 años, sobrinos y otros familiares bordan el camino de la fe inculcada por esta mujer y sus antecesores, desde la ternura de los cuidados en su ancianidad y enfermedades.

“Mi vejez es buena porque tengo una familia unida” —expresa con su hilo de voz mientras el rostro revela un aura de nobleza y agradecimiento que responde todo sin necesidad de más palabras.

Yamira, una de sus sobrinas, declara que siempre se guían por los principios católicos que su tía les heredó y la coherencia de atenciones y valores que asumió en la infancia de ella y otros miembros de la familia.

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“Cuidar a la familia fue lo que aprendí de ella, por tanto, nunca estará sola. Es vital para nosotros darle lo que necesite”.

Marisel, otra sobrina, reconoce cuánto la mueve el cariño y respeto al cuidado de su tía y ello le inspira sacar tiempo en esa responsabilidad:

“En ocasiones repetidas debo pedir permisos de trabajo cuando enferma y algunas personas lo censuran, a lo que yo respondo que siempre tendré situaciones de ese tipo, pero a mi familia no la voy a desatender”.

Por otra parte, Ada, la hermana menor de Gloria, renunció a su voluntariado y participación activa en el Programa de Personas Mayores de Cáritas en la Diócesis de Guantánamo-Baracoa, donde colaboró por más de 2 décadas al servicio del comedor de la parroquia La Milagrosa y el Grupo de Animación sociocultural de esa comunidad.

Esta visita le robó más de una lágrima y confidencias:

“Ha sido grande el desafío de transformar mi rutina, pero proteger a mi hermana es mi rol más importante. Ella siempre estuvo dispuesta a ayudar a cada uno de nosotros y ahora nos toca servirla, amarla.

”Con frecuencia recuerdo los encantos de colaborar con Cáritas y reconozco que este camino de cuidado y autocuidado lo hago mejor gracias a esa organización que me preparó cuando ni pensaba tendría esta oportunidad de acompañar la vejez y dolencias de mi hermana Gloria. Agradezco a Dios y tantos hermanos por esa experiencia de vida a través de cursos, charlas, materiales educativos y más. Cuando me pongo a leer los boletines del PPM y encuentro noticias de mi Diócesis, me pongo nostálgica, pero me digo, yo aún soy Cáritas, porque hago lo que en ella se impulsa. Hoy ustedes me han dado una gran alegría y a toda la familia. Gracias, de corazón”.

El agradecimiento es mutuo. Visitar a Gloria, beneficiaria del servicio de comedor de la parroquia La Milagrosa, a su hermana Ada y el resto de la familia, ha sido bendición en esta Jornada de Abuelos y Mayores.

Desde su hogar comparten la belleza de la fraternidad y hacen sonreír a Dios y a sus hijos con su gramática de amor y santidad. Su abrazo a la fragilidad humana en la vejez, matiza con divinidad la esperanza. 

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Comunicación de Cáritas Guantánamo-Baracoa
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