Cómo salir al paso de la soledad de los mayores

Por: José Carlos Bermejo, director del Centro de Humanización de la Salud (texto tomado de la Red Latinoamericana de Gerontología)

Fotos: Tomadas de Abc y del archivo de Cáritas Cuba

Sentirse solo puede hacernos buscar cómo matar el tiempo, es decir, cómo hacer que pase el tiempo kronos (instantes de reloj sin significado), porque no se consigue que sea tiempo kairós (tiempo con sentido, tiempo como oportunidad, con la riqueza de posibilidades que puede ofrecer si es vivido de manera significativa). Es realmente doloroso tomar conciencia de cómo se puede haber vivido en muchos momentos de la historia intentando ganar tiempo y, en la hora actual, no saber cómo matarlo.

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Un recurso para salirle al paso a la soledad puede ser el mundo de las amistades. No falta quien recurre a ellas y gestiona así la soledad que no colma con las relaciones familiares. No obstante, a veces la desconfianza en las amistades, por el temor a que trasciendan públicamente las cuestiones más íntimas, provoca que en muchas ocasiones las personas mayores solas vivan su sufrimiento en silencio y sin desahogarse con nadie.

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voluntaria comedor Candelaria Caritas cuba

Las estrategias para afrontar la soledad son diferentes en función de los recursos al alcance de las diferentes personas y de la sensibilidad e intereses diferenciados. No obstante, el desarrollo de actividades domésticas, la televisión, la radio, el retorno a o aumento de las prácticas religiosas, las comunicaciones telefónicas, los centros destinados especialmente para mayores (clubs o centros de día), la participación en actividades culturales, turísticas o de ocio y mucho más raramente las segundas parejas, constituyen recursos que salen al paso de la necesidad de vivir estimulado y no sucumbir en la soledad. Son recursos para que la experiencia de la soledad no lo sea de una soledad desolada o desértica, como es descrita por algunos profetas para reflejar su pesar (Is 43,20, Ez 6,14; 33,28-29;35,29).

No son menos importantes las actividades de voluntariado, más o menos organizado, donde la solidaridad y el deseo de ayudar a otros se vuelve también hacia uno mismo, satisfaciendo la necesidad de sentirse útil, en relación con otras personas y significativo para quien puede estar en situación de mayor vulnerabilidad.

Entrar en la dinámica del voluntariado a muchas personas les provoca también la sensación de pertenecer a un grupo e integrarse en una estructura con una serie de vínculos sociales (…).

Y, sin duda, el rol de abuelo, para quien lo es y lo puede ejercer por la proximidad de los nietos, constituye un modo privilegiado de cualificar las relaciones y salir al paso de la posible soledad.

Pero salir al paso de la soledad no es exclusivamente una responsabilidad de la persona mayor o de la familia, sino de la sociedad en su conjunto, porque corresponde a todos considerar el problema con responsabilidad.

En el documento del Pontificio Consejo para los Laicos, sobre la dignidad del anciano y su misión en la iglesia y en el mundo, (publicado en 1999, con ocasión del año internacional de las personas mayores), se dice que la experiencia que los ancianos pueden aportar al proceso de humanización de nuestra sociedad y de nuestra cultura es más preciosa que nunca, y les ha de ser solicitada, valorando aquello que podríamos definir como los carismas propios de la vejez. Entre ellos se citan: la gratuidad, la memoria y el sentido de la historia, la experiencia de vida acumulada a lo largo de su existencia, la interdependencia, y una visión más completa de la vida, donde comulgan valores como la sabiduría, el cultivo de la interioridad, la importancia del ser frente al sólo hacer, el valor dado a la amistad, a la prudencia, etc.

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En el fondo, pues, salir al paso de la soledad de las personas mayores pasa, entre otras vías, por provocar en ellas el interés. Según la etimología latina, estar interesado significa estar dentro. Decir que uno “se interesa” por una persona, por una cosa o por un acontecimiento, es hacer referencia a una determinada calidad de presencia por la que se suprime todo distanciamiento para considerar desde el interior el objeto de atención. En este sentido, el interés por la soledad de los ancianos puede producir el interés de los ancianos por personas y cosas que favorezcan la vida significativa.

Pero, por encima de todas las posibilidades y ayudas al mayor que se siente solo, el anciano tiene una tarea que hacer consigo mismo: la de creer que lo que más vale no es lo que hace, sino que  su aparente pasividad e inutilidad puede convertirse en un verdadero valor: ser capaz de ser testigo de los valores humanos para las personas que le rodean.

Cultivar los valores de actitud o de pasividad, conjugar el verbo amar y el verbo cuidar en pasiva, dejarse querer, puede constituir un reto para la persona mayor que, desde la soledad, sigue construyendo una sociedad más basada en el amor que en el eficientismo, más en el ser que en el hacer. (…)

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Equipo de Comunicación Cáritas Cuba
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