Celebración de la Pascua del Programa de Personas Mayores en Morón y Ciego de Ávila
Por: Giancarlo Pardo Díaz (Gian Díaz)
Foto: Giancarlo Pardo Díaz y David Oliver de Armas

El Programa de Personas Mayores de Morón y Ciego de Ávila celebró con alegría y profundo sentido espiritual la Pascua de Resurrección, la fiesta más importante para los cristianos, pues representa la victoria de Jesucristo sobre la muerte y la promesa de vida eterna para toda la humanidad. La jornada, realizada en ambos territorios y replicada con el mismo espíritu de fe y esperanza, reunió a beneficiarios y personal de Cáritas Diocesana en un encuentro marcado por la reflexión, el compartir y la alegría pascual.
La mañana inició con una oración dirigida por Teresa, Coordinadora Diocesana del PPM, quien invitó a poner toda la jornada en manos de Dios, creando un ambiente de espiritualidad y recogimiento que preparó a los presentes para vivir plenamente el mensaje de la Pascua.
La charla formativa estuvo a cargo de Solange, formadora del PPM, quien reflexionó junto a los presentes sobre el verdadero significado de la Pascua. Durante el encuentro se recordó que Jesucristo es nuestra guía y quien nos da la oportunidad de ser diferentes cada día. Aceptarlo a Él es aceptar el milagro de la Resurrección, aceptar su amor infinito y convertirnos también nosotros en reflejo de ese amor. Porque precisamente el amor es el mensaje central de la Pascua: amar a los demás como Cristo nos ama.
Se profundizó además en la integralidad del ser humano, recordando que cada persona posee dimensiones física, emocional, mental y espiritual, todas igualmente importantes y necesarias para vivir en armonía. Aunque en ocasiones el dolor, la enfermedad o las dificultades parezcan apagar la esperanza, la Pascua recuerda que después de los momentos más duros siempre existe la posibilidad de renacer. Ese potencial transformador vive en cada ser humano como regalo dejado por el propio Cristo Resucitado.
Como parte de la charla, Solange desarrolló también una emotiva dinámica apoyándose en una pancarta y varias tarjetas con peticiones a Cristo. Cada una invitaba a “resucitar” algo especial en el corazón de los beneficiarios: las manos, para que sepan dar con delicadeza; los ojos, para reconocer al necesitado; los oídos, para no quedar sordos ante las voces que claman comprensión; la boca, para ser testimonio de Dios y despertar sonrisas; y el corazón, para convertirse en templo vivo del Espíritu Santo, capaz de perdonar y comprender.
También resultó muy emotiva la representación realizada por Estelita, Coordinadora del programa GDH, quien apareció caracterizada como una persona mayor agobiada por problemas, triste y perdida, con la mirada puesta únicamente en el dolor y las dificultades. Sin embargo, en medio de esa realidad recibió un gran “medicamento”: la esperanza. Ese gesto simbólico le permitió abrir nuevamente los ojos y descubrir un futuro distinto, un camino acompañado por Dios, quien nunca abandona a sus hijos.
A lo largo de la celebración se recordó que practicar la Resurrección y ser verdaderamente “gente de Pascua” significa vivir y anunciar la Buena Noticia de Cristo Resucitado. La Pascua nos recuerda que, a pesar del dolor de la cruz, luego llega la alegría de la Resurrección. Desde esa certeza nace la misión de escuchar, acoger y acompañar, siendo testigos de fortaleza y esperanza para los demás.
La jornada concluyó con un alegre compartir entre cantos, bailes, juegos participativos y muchas sonrisas, reflejo de la alegría de la Resurrección. Así, entre abrazos y fraternidad, el Programa de Personas Mayores en Morón y Ciego de Ávila celebró el acontecimiento más importante de la historia de la humanidad.
¡Cristo vive, y con Él renace la esperanza!.


















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