Cáritas Santa Clara y su apuesta por la resiliencia

Texto y fotos: Yassel Santiso Rangel

Santa Clara, abril de 2021— El confinamiento, como medida de protección ante la pandemia, ha tenido sus efectos en las personas mayores desde el punto de vista físico, psicológico y social.  En medio de esta realidad, propiciar el encuentro y el compartir momentos de aprendizajes, logros, frutos, ha sido una de las formas de acompañamiento y formación del Programa de Personas Mayores (PPM) de Cáritas Santa Clara durante el año 2020.

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El equipo diocesano del PPM, durante el último trimestre del pasado año, preparó el taller de formación: “Resiliencia para un buen envejecer”, que compartió con diez grupos en nueve de sus comunidades.

Reydel Robles Delgado, coordinador del Programa desde el año 2016, nos acerca a las principales experiencias y resultados vividas en este proceso.

—¿Qué motivó al equipo diocesano a preparar el taller “Resiliencia para un buen envejecer”?

—El contexto del año pasado supuso un desafío para todos, por el entramado de dificultades que la pandemia de Covid-19 ha provocado. La presencia física del equipo diocesano del Programa durante los meses de abril a septiembre del 2020 se vio limitada. En consecuencia y con nuestro inmenso deseo de estar con las personas mayores y hacer para y con ellas —más allá de la cercanía por teléfono— decidimos materializar un taller de formación.

”Consideramos pertinente trabajar la resiliencia para un buen envejecer pues, aunque es una temática que aplica para otras edades, es muy significativo en la adultez mayor. En esta etapa de la vida se experimentan ciertas pérdidas y a veces las personas sufren una insuficiente capacidad para sobreponerse a ellas, en medio de adversidades como las experimentadas por la pandemia.

”En consecuencia, se diseñó el taller, encausándolo a un enfoque positivo y esperanzador, que infundiera ánimo y optimismo a los adultos mayores; como actitudes que permiten ser resilientes.

—Durante el proceso de preparación y concepción del taller, ¿qué elementos, procesos personales o grupales se ponderaron?  

—El taller se concibió poniendo énfasis en la espiritualidad de las personas mayores, exposiciones, reflexiones personales, puestas en común grupales, técnicas de animación grupal, materiales audiovisuales de apoyo y la construcción conjunta de resultados.

”Se pensó para que cada participante fuera capaz de identificar su capacidad de sobreponerse a adversidades que en su historia de vida se han presentado y lo conectaran con la experiencia de vida presente; concluyendo con la identificación individual —luego socializada— de todos los aspectos positivos que cada quien fuera capaz de identificar en medio de lo vivido como consecuencia del confinamiento.

—El tema de la resiliencia implica retomar y hacer consciente el funcionamiento de las áreas cognitiva, afectiva y volitiva, específicamente de las personas mayores ¿Solicitaron o recibieron apoyo de especialistas o instituciones?

—La idea se puso a consideración de los coordinadores del PPM en las demás diócesis del país y se les hizo extensiva la invitación a participar con sus sugerencias, mediante nuestro grupo de trabajo por WhatsApp, para que aportaran ideas, criterios y recursos.

”En el diseño del tema participaron, de una u otra manera, y realizaron sus aportes, la coordinadora diocesana del Programa en la Diócesis de Matanzas, los miembros del equipo de trabajo del Programa en nuestra Diócesis y solicitamos criterio, una vez elaborada la propuesta de taller, a dos psicólogas: una que se desempeña como coordinadora de los programas Grupos de Desarrollo Humano (GDH) y Aprendiendo a crecer en la Cáritas de la Diócesis y otra que labora en el hospital oncológico regional.

”El soporte audiovisual que se preparó, para hacer más ameno el taller, se obtuvo gracias a la colaboración de la oficina de prensa del Obispado y del comunicador de Cáritas diocesana.

—¿Hasta el momento cuál ha sido el alcance del taller?

—Estos talleres han beneficiado a unos 200 adultos mayores en diez grupos ubicados en nueve comunidades.  

”Se trabajó con personas mayores voluntarias de servicios de alimentación, lavandería, barbería y peluquería; con personas mayores miembros de talleres de costura y manualidades y con adultos mayores que participan de grupos de espiritualidad, cultura y recreación.

”Hemos sabido, por posteriores comunicaciones telefónicas con algunos de los participantes, que la experiencia vivida también ha llegado a varias familias de entre los asistentes.

—¿Cuál ha sido el impacto del taller en las personas mayores que han participado?

—Las personas mayores han agradecido mucho el taller. Les ha sido muy motivador. Ha infundido esperanza y alegría de vivir, en medio de las adversidades. Además, han tomado conciencia de su capacidad de salir adelante y continuar viviendo.  

”Les fue propicio para reforzar la toma de conciencia, referida a la importancia de las relaciones grupales y familiares, como factores para afrontar con actitud resiliente las dificultades de la vida.

—¿Cómo ha incidido el taller y sus resultados en el equipo diocesano?

—Como equipo, nos sentimos muy complacidos de que el trabajo pensado y ejecutado con tanto cariño haya tenido buena acogida entre los adultos mayores y que ellos lo hayan manifiesto así.

”Estos talleres, además, sirvieron para acercarnos y notar en las personas mayores los efectos adversos que ha provocado el confinamiento: depresión, disminución de destrezas físicas y motoras (ralentizamiento) y pérdida de peso corporal; como las más perceptibles. No obstante, continúan en su empeño por la vida y por mantener las acciones que realizan dentro del proyecto.

”Nuestro deseo es que los adultos mayores de las comunidades adonde no nos fue posible llegar vivan esta experiencia y así lo hemos planificado para el año 2021, cuando la situación epidemiológica lo permita.

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Yassel Santiso Rangel
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