Cáritas Habana responde al tornado/ Cáritas Habana tiende su mano
Texto y fotos: Equipo de Comunicación de Cáritas Cuba
Un tornado no es un huracán. Un tornado llega sin avisar y te sorprende allí donde estabas: sentado frente al televisor, montado en un ómnibus de regreso del trabajo o disfrutando de una pieza clásica de ballet… Para un tornado nunca hay preparación.
Más de mil 200 familias habaneras lo supieron el pasado domingo 27 de enero, cuando un categoría EF4 en la escala Fujita-Pearson llegó a sacudir con vientos de 300 kilómetros por hora los municipios de Cerro, San Miguel del Padrón, Habana del Este, Regla, Guanabacoa y 10 de Octubre (estos tres últimos los más duramente afectados).

El Programa de Emergencias y Ayuda Humanitaria de Cáritas Habana, centrado en la atención a los damnificados ante catástrofes naturales, dio una respuesta temprana al devastador paso del fenómeno meteorológico, que recorrió en apenas 16 minutos 20 kilómetros de la ciudad capital, y dejó afectaciones en más de 7400 viviendas, según datos oficiales.

Comparado por su magnitud con el ocurrido en Bejucal en 1940, el saldo humano del siniestro fue abrumador: 5 fallecidos y 195 lesionados, a lo que se sumaron las pérdidas igualmente considerables de los hogares, cientos de núcleos familiares que quedaron sin el amparo de un techo, sin nada material y con necesidades extremas.

Ante tal situación, el equipo diocesano de la institución caritativa se movilizó y recorrió todas las localidades afectadas para intercambiar con párrocos, miembros de las comunidades, damnificados y miembros de congregaciones religiosas.
Migdalia Dopico, directora de Cáritas Habana, explica que fue muy importante la presencia para las familias acompañarlas en su dolor y apoyarlas.

Según precisó, las necesidades más urgentes detectadas fueron el alimento ya elaborado (por la falta de energía eléctrica y gas, persistente en algunas zonas por casi una semana); además del agua potable y artículos de primera necesidad como abrigos y mantas para personas que se encontraban durmiendo a la intemperie ante la pérdida o deterioro de sus casas. Se tuvo como prioridad los domicilios donde vivían niños, personas enfermas, discapacitados y ancianos.
El primer comedor emergente se estableció en la noche del lunes 28 de enero, en la iglesia de Jesús del Monte (municipio 10 de Octubre), donde se elaboró alimento para unas 500 personas en desayuno, almuerzo y comida. Esta parroquia, severamente afectada por los vientos y con derrumbes parciales, acogió al inicio a decenas de vecinos sin techo que acudieron a dormir en los alrededores del templo y los espacios donde no se había dañado la estructura.

Al día siguiente, martes 29, se habilitaron dos servicios más de alimentación, en el municipio de Regla: uno en la parroquia Cristo Redentor, donde se cocinó para más de 200 personas y otro en la capilla Ntra Sra de Guadalupe, donde se asistió a otras 40.
Él último, se abrió en la Casa de Cáritas de Guanabacoa para apoyar a doce familias, al detectarse una situación compleja en la zona posterior al hospital La Fátima.
A la par de estas acciones y con el valioso apoyo de los voluntarios, se hicieron levantamientos diarios en las parroquias: cada persona que acudía para recibir ayuda se le llenaba una planilla con sus datos personales y la relación de todas sus pérdidas, de manera que hubiese un control para una futura distribución organizada y eficiente de los recursos.
Voluntarios, religiosas, religiosos y sacerdotes visitaron, además, los hogares y zonas sensibles, a donde se llevaron pequeños módulos con alimentos en conserva, leche en polvo, velas, mantas para el frío y agua potable.
En los locales con que contaban estas comunidades se almacenó y clasificó ropa, zapatos y otros artículos de uso personal que fueron donados por personas deseosas en ayudar a los damnificados. Estos enseres se distribuyeron diariamente a quienes se acercaron a los lugares donde se ofreció el servicio de comedor.
Una Iglesia unida en el voluntariado

Sin dudas, este suceso despertó el sentimiento de solidaridad y sensibilizó a muchas personas cubanas de dentro y fuera del país. “Se han visto gestos muy hermosos ante el dolor de otros”, reconoce Migdalia, y agradece también el respeto de las autoridades y agentes del orden público para facilitar el ejercicio la Caridad.
“Ha sido un gran testimonio la labor de Iglesia unida como Cuerpo de Cristo e impulsada por el Espíritu Santo, asistiendo a las personas en su dolor. Todos en comunión: laicos, sacerdotes, congregaciones religiosas, voluntarios de Cáritas, otros agentes de pastoral y personas de buena voluntad, junto a nuestros pastores, añade.
En ello coincide el sacerdote Fulgencio Guerrero, misionero redentorista y párroco de Cristo Redentor, en Regla. Para este colombiano que solo lleva en Cuba cuatro meses, cada uno de los que se ha acercado para donar recursos, alimentos o tiempo, constituye un motivo más para entregarse.
“Me gusta mucho ese pensamiento de la Madre Teresa de Calcuta que invita a ser una gotica de agua en un mar de amarguras. Estoy consciente de que no vamos arreglar todo el problema, pero sí una pequeña parte y eso es importante”, explica.
El Padre Fulgencio agradece a Cáritas Habana, que desde el principio se interesó en hacer un levantamiento de la situación y ofrecer todos los recursos a su alcance. Recuerda, además, a artistas, atletas, religiosas de diversas congregaciones, al Centro Loyola, la iglesia de Santa Rita de Casia y otra larga lista que incluye a hermanos de varias denominaciones religiosas.
El Pastor Eusebio Delgado, también integrante de Remar, destacó la presencia de los jóvenes en el voluntariado. “Muchas veces se dice que la juventud está perdida, pero no lo creo así. La juventud de Cuba está bendecida por el Señor; aquella que conocemos nosotros y que quiere ayudar al prójimo, que desde un inicio dijo: Estamos aquí, qué podemos hacer”.
“Me alegra que estén presentes comunidades no católicas”, afirma el párroco a los integrantes del movimiento Remar (Rehabilitación a marginados), que funciona en 70 países e integra a cristianos protestantes de diferentes espacios, unidos por el deseo de acompañar al necesitado. Según el Pastor Andy Izquierdo, la mejor definición para Remar es “manos que ayudan, pies que caminan, gente que está dispuesta a acompañar”.
Los miembros del grupo, procedentes en su mayoría de Güines, llegaron hasta la Parroquia Cristo Redentor guiados por Cáritas Habana. De acuerdo con Izquierdo, tenían la intención de colaborar y “la mejor manera es hacerlo unidos”.
Los jóvenes han sido una fuerza especial en el peregrinar de Cáritas, donde el voluntariado se ha traducido no solo en visitar a las familias y comprobar sus necesidades, sino también en distribuir las donaciones y hasta en ayudarles a reparar sus hogares como uno más de la casa.
Para Diana Rosa Suárez, voluntaria, esto tiene que ver con ese deseo de todo ser humano de donarse a los demás. Según comenta, el sentimiento de devastación permaneció en ella hasta que supo cómo ayudar a los afectados.
“Empecé caminando, buscando personas damnificadas, casos críticos. Luego, el Padre Fulgencio me dijo que necesitaba mi apoyo clasificando y entregando ropa”. Como ella, reaccionó toda la comunidad, “nadie se ha quedado sin hacer nada”, enfatiza.
De ese trabajo conjunto solo salen buenos frutos; así lo reconocen los pobladores de los barrios más afectados. Denise Morales, quien vive sola con su niña de 3 años y perdió parte de la estructura de su casa en el poblado La Colonia, en Regla, asegura que la ayuda de la Iglesia ha sido fundamental: “Yo misma no tengo tanque y gracias a ellos he tenido agua, además de comida y escucha”.
A tres semanas del tornado, Cáritas aún allí
Del tornado han pasado ya más de 15 días. La electricidad, el servicio de gas licuado y el abasto de agua han sido restablecidos en prácticamente todos los hogares de la zona. El Estado comienza a repartir recursos a algunas familias para que reconstruyan con sus propios esfuerzos las casas que, a pesar de los derrumbes o afectaciones parciales (como pérdidas de techo), pueden ser salvadas.

Otros, los que lo han perdido todo, esperan aún que llegue la ayuda para ellos. Cuando el derrumbe es total hay que empezar de cero, y reponerlo todo es una tarea dura tanto para la familia como para el gobierno.
En medio del dolor, y la desesperación que va generando el paso de los días, Cáritas mantiene su acompañamiento y se prepara para una segunda etapa dentro de la Emergencia.
Luego de alimentar diariamente hasta a 800 personas, los servicios de comedor concluyeron, puesto que la mayoría de los beneficiarios ya pueden cocinar. Los alimentos se entregan ahora crudos, priorizando siempre a las familias más vulnerables.
Además de alimento, hoy se distribuyen módulos de aseo que contienen detergente, jabón de baño y de lavar, pasta y cepillo dental, ropa de cama (sábanas, colcha y toallas) y en algunos casos champú y suavizante que ha llegado producto de donaciones.
La parroquia Jesús del Monte, que batalló aun en condiciones de semi-derrumbe durante las primeras semanas posteriores al siniestro, ha trasladado su servicio de entrega de ropa a la capilla Nuestra Señora de la Guardia, en Luyanó, donde también se está distribuyendo el kit de aseo y comida.
El trabajo más fuerte que hace la iglesia en estos momentos es el de completar su levantamiento de necesidades, visitando cada uno de los hogares de las personas que en un primer momento acudieron a las parroquias y que fueron encuestadas con las planillas con las cuales trabaja Cáritas ante situaciones de emergencias.
En este lanzarse a la calle, Cáritas ha podido detectar nuevas zonas donde el tornado dejó afectaciones y que no han sido mencionadas como damnificadas. Nuestra institución busca asistir a aquellos casos aislados que pueden quedar rezagados de las ayudas gubernamentales por no estar en el epicentro del desastre (Cojímar y Alamar), donde se estudian las posibles afecciones.
Al momento (13 de febrero), Cáritas Habana reporta unas 300 familias a las que ya se ha visitado y confirmado sus necesidades. Esta cifra debe crecer a medida que el levantamiento continúe y concluya, momento a partir del cual comenzará la segunda etapa de la emergencia.
En dicha etapa, se prevé aplicar la misma fórmula que fue efectiva ante la experiencia del huracán Irma: comprar en el mercado minorista, con los recursos financieros recibidos a través de donaciones, para armar módulos familiares con artículos de cocina, ajuares de casa y algo de aseo. También se gestiona la importación de colchones.
Ante una situación súbita como este fenómeno meteorológico, las necesidades superan la capacidad de acción de los gobiernos y también la de nuestra institución. Guiados por la enseñanza de nuestro Señor Jesucristo, Cáritas actúa favoreciendo dentro del gran número de damnificados a aquellas familias con más vulnerabilidad y enfoca la ayuda y los recursos hacia ellas.
Además de las donaciones provenientes del exterior, Cáritas se apoya en la inmensa solidaridad del propio pueblo cubano, que incluso desde otras provincias hace llegar su ayuda. Actualmente, en su parroquia de La Víbora, los padres pasionistas recogen y clasifican ropa, zapatos, útiles del hogar, alimentos crudos y todo tipo donaciones que llegan producto de la colecta organizada por Cáritas Habana ante este desastre.
Nuestra institución agradece todo el apoyo, el amor y la buena voluntad recibidos en estos momentos tan difíciles para nuestro pueblo. Continuaremos acompañando a las familias abatidas por este tornado, como continuamos al lado de los damnificados por el huracán Irma.
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