Cáritas Cuba y los largos meses de la Covid-19
Por: Equipo de Comunicación de Cáritas Cuba
Desde el mes de marzo, cuando ya Europa estaba sufriendo el drama de la actual pandemia y aún Cuba no reportaba su primer positivo, Cáritas Cuba decidió reorganizar su trabajo y tomar medidas para proteger a sus trabajadores, voluntariado y beneficiarios; sin abandonar aquellas actividades que resultaban vitales para los más desfavorecidos.
Ya a mediados de este mes se suspenden todos los encuentros presenciales que se habían programado para la primera mitad del año; excepto el Consejo de Directores, que tuvo lugar entre el 18 y 19 de marzo en La Habana, con todas las medidas de protección pertinentes.
Allí, los directores de las once Cáritas Diocesanas de Cuba evaluaron la situación de emergencia sanitaria que se avecinaba y el desabastecimiento total de los mercados que estaba (y continúa) viviendo el país, realidad que sitúa a la población cubana en un contexto de doble vulnerabilidad.

Dentro de los grupos meta de la labor humanitaria de la red de Cáritas Cuba, las personas mayores, las personas con discapacidad y las afectadas por VIH-sida, estaban comprendidas dentro de los sectores de mayor riesgo ante la nueva enfermedad. Los esfuerzos de la institución, que encarna la labor social de la Iglesia católica, se dirigieron a no abandonar a los más necesitados, a cuidar de su personal y, especialmente, de los más de 3 mil voluntarios que, en su mayoría, sobrepasan los 60 años.
No menos importancia se dio a contribuir a la responsabilidad cívica, elemento decisivo en el control de la trasmisión de la enfermedad.

De manera general, se postergaron temporalmente servicios que no eran de extrema necesidad y podían poner en riesgo a los beneficiarios o a sus proveedores (como talleres de manualidades, repasos escolares para niños y adolescentes, grupos de animación para personas mayores, etc.); y se concentraron los esfuerzos, especialmente, en los servicios de alimentación (desayuno o comida) a las personas más necesitadas.
La cuarentena nacional, que se extendió hasta junio y que en los meses siguientes supuso la sucesiva apertura y cierre de varias provincias, según sus grados de contagio; ha sido para Cáritas Cuba un tiempo premiado de incertidumbre y de miedos, oración y espera atenta y, en igual medida, una etapa de crecimiento, creación e innovación y mucho trabajo.
Para mantener la atención a los más vulnerables, se obró mayormente a través de los servicios de elaboración de alimentos del Programa de Personas Mayores. Ello implicó hacer modificaciones, tomando en cuenta varios aspectos relacionados con las características estructurales de los locales, número de beneficiarios, frecuencia y modo en que se ofrecía el servicio, recursos disponibles, etc. Es importante remarcar que del voluntariado de este Programa, compuesto por unas 2059 personas, más de 1200 tienen 65 años y más; y que esta fracción más vulnerable se concentra, precisamente, en los servicios de elaboración de alimentos y lavado de ropa.
A medida que el país se sumía en una situación de pandemia (meses de mayo y junio) y que se recrudecía aún más la situación económica y de disponibilidad de recursos; varios de estos servicios fueron colapsando.
La imposibilidad de adquirir alimentos en los deprimidos mercados, con aglomeraciones y limitaciones de compra impuestas por el gobierno ante la carestía, parecía empujar al cierre de los servicios; sin embargo, cada diócesis y cada servicio buscó alternativas para no abandonar a los beneficiarios más desprotegidos.
Algunas de las variantes fueron tratar de insertar a los más críticos en los Servicios de Atención a la Familia (SAF), estructuras creadas por el Estado cubano para la alimentación de personas con muy bajos recursos; aunque en muchos casos ya no existían capacidades. Algunas familias en las comunidades asumieron compartir lo que tenían con beneficiarios cercanos a sus hogares; en otros casos, se llegó a acuerdos con negocios privados que estaban elaborando raciones para llevar y se acordaron precios que el presupuesto el Programa pudiera cubrir…
Los servicios que lograron mantenerse en pie, buscaron alternativas acordes al distanciamiento, como llevar a los hogares la ración de alimento, ya fuera caminando o en triciclos o bicicletas.
En fin, hubo muchas iniciativas y muchos gestos de generosidad, pero incluso así Cáritas no alcanzaba a cubrir a todos. Entonces fue cuando se decidió entregar a los beneficiarios de aquellos comedores que ya no podían servir alimentos una cantidad de efectivo, de manera que ellos pudieran adquirir artículos de higiene y alimentos que se expendían en sus bodegas, controlados por la libreta de racionamiento pero a precios no subsidiados, y que su poder adquisitivo no les permitía comprar. Así se mantuvo el acompañamiento por varios meses, hasta que en las diócesis donde comenzó la desescalada hacia la nueva normalidad se comenzaron a reanimar los servicios.
Hasta el momento, no se ha podido alcanzar la calidad que tenían las raciones antes de la pandemia y tampoco, en muchos casos, la frecuencia con la que se ofrecían, debido a que el mercado sigue desabastecido, los precios de los alimentos se han disparado y no tenemos acceso a importaciones ni al mercado mayorista.
Las ayudas en efectivo y también materiales, aunque en menor medida, llegaron a las familias de personas con discapacidad y de bajos recursos, para fortalecer su protección con artículos de higiene y alimentos.
En medio de la situación tan particular y difícil de Cuba, el acompañamiento ha sido el gran protagonista de la misión de Cáritas durante los tiempos de pandemia.
A todos nos costó y sigue costándonos asumir el comportamiento que esta realidad exige; aprender a trabajar desde nuestras casas, utilizando la telefonía fija y móvil como única alternativa para la información, el intercambio y la toma de decisiones; llenarnos de paciencia y serenidad ante la pésima conectividad del servicio de correo electrónico, que ha sido —junto a los grupos de WhatsApp— el medio de comunicación más utilizado. Pero de todo este ejercicio de resiliencia, han salido experiencias hermosas y que han implicado crecimiento y ganancia.
Como organización, hemos desarrollado nuestra capacidad creativa, innovadora, nos hemos reinventado. El uso de las tecnologías (desde el teléfono fijo hasta la telefonía móvil con todas sus ventajas), se ha vuelto primordial en la organización del trabajo y como vía para el acompañamiento a grupos y personas. Existen, incluso, experiencias de grupos que han generado nuevos espacios en la virtualidad (mayormente WhatsApp) para seguirse “viendo”, seguir interactuando, saber de la salud del otro, compartirse documentos, consejos, lecturas, oraciones, darse ánimo… A pesar de las dificultades (por el precio y por la calidad de la conexión en la Isla), el internet y la virtualidad se han vuelto en espacios aliados e imprescindibles.
Otra ganancia de estos tiempos ha sido la independencia de las diócesis y la praxis de una horizontalidad aún mayor en las estructuras de la organización, aunque es algo por lo que se vela siempre y que se impulsa desde la oficina nacional, en este tiempo hemos experimentado más la búsqueda de respuestas desde la base, el tener que resolver con gestiones e iniciativas propias.
La falta de recursos a un nivel macro derivó en una mayor presencia de la Iglesia y la comunidad dando su aporte, personal, cada quien en su radio de acción inmediato; hay muchas experiencias que implicaron a la comunidad (tanto de las parroquias como a los vecinos) en la labor de Cáritas.
Y así, muchos otros signos que aseguraron que se cerraban los templos y no se podía celebrar la eucaristía, pero la Iglesia estaba abierta y haciendo presente a Jesús con los que más lo necesitaban.
Llevamos meses trabajando cada día lo que es necesario hacer para el momento, según se pueda, y tratando de asegurar el futuro.
Damos gracias a Dios por todos los que han hecho posible la permanencia de nuestra misión, desde los voluntarios hasta nuestros colaboradores en Europa y Estados Unidos, que a pesar de que sus países han sido profundamente afectados, se han mantenido cercanos y con las manos extendidas para seguir apoyándonos.
Que el Señor se mantenga presente en medio de tantas angustias, nos proteja y nos guíe.
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