Cáritas Cuba y la ruta del maíz
Por: Katiuska Fournier
Fotos: Cortesía de la Diócesis
Guantánamo, julio de 2021— Una leyenda mexicana asegura que fue el ingenio de un Dios, convertido en hormiga, el que hizo llegar al taíno de hace 8 mil años un hermoso grano de maíz, para que se multiplicara en sus tierras y saciara el hambre de su familia.
Lo cierto es que este grano figura como uno de los alimentos más antiguos de la humanidad y de mayor producción, por encima del trigo y el arroz.

No obstante, la historia de hoy no se centra en leyendas o cifras de cultivo y consumo del famoso cereal, sino en la agudeza, voluntariedad y benevolencia de unos jóvenes que, ante la escasez de arroz y otros recursos para los servicios de comedores a personas mayores en la diócesis Guantánamo-Baracoa, retomaron el uso del maíz como garantía de alimento a los más necesitados.
La obra resulta fatigosa apenas comienza: gestiona una y otra vez en senderos rurales e intrincados el producto, compra a precios cada vez más caros, transporta hacia lugares seguros y luego, sigue la ruta que transforma el grano en manjar.

Bien saben los campesinos el sudor que se gasta en deshojar el maíz, cernir y secar de forma rudimentaria.
Adriel, Gilberto, Carlos, Joaquín, Yamil, Maikol y su padre José Ignacio, voluntarios de Cáritas, se turnaron para poner los granos al sol, sobre una gran lona; corrieron a guardarlo ante cualquier amenaza de lluvia; pasaron días con ventiladores en mano para almacenarlos en tanques limpios y bien tapados, sin vestigios de polvo, paja o plagas.

Un molino artesanal procesó el alimento en una de sus fases casi finales y los brazos de estos nobles muchachos subieron sacos, echaron a andar el artefacto y envasaron finalmente la harina de maíz. De tanto trajín, ya se conocen el sonido de la máquina cuando pide más producto.
Gracias a su afán, casi dos decenas de comedores de la Diócesis cuentan con el nutritivo maíz de los meses actuales.

Hay muchas formas de prepararlo y a los beneficiarios les gusta, sobre todo el amor conque se ofrecen el pudín o el plato caliente de harina, sal y cualquier ingrediente extra.
No tienen idea del esfuerzo que estos chicos han hecho, pero agradecen que existan personas que pongan sabor y amabilidad a sus días, que caminen cerca de sus necesidades y aviven la esperanza.

Son estos los episodios de vida que marcan diferencias desde el humilde aporte de quienes construyen y no descartan, que traspasan barreras y dibujan el verdadero sentido de la fraternidad.
Visitas: 2

