Caminando de la mano, celebramos la vida.

El parque se convirtió en un sitio donde la fiesta fue interminable. Todos se abrazaban con esa alegría espléndida que provocan los reencuentros. Fueron llegando de a poco, y frente al mar el paisaje se hizo más verdadero. Cuando comenzamos a inflar los globos ya estaban allí casi todas las comunidades que en la diócesis atienden el programa Aprendiendo a Crecer, solo algunas no pudieron asistir, pero se les recordó como si estuviesen presentes. Los globos llenaron de colores y de esperanza todas las manos.
Jennifer, la muchacha que trabaja con un grupo de ellos en la Sociedad Gráfica de Cienfuegos, colocó encima de una vieja fuente unos pomitos con pintura y algunos pinceles. Luego comenzó a dibujar rostros felices y letras en los cachetes. La cola creció con rapidez; todos querían llevar también un mensaje en el rostro. El contraste con los pulóveres blancos se hizo asombroso.

No importó la condición de ninguno. Los que pudieron levantarse de su silla de ruedas, lo hicieron, todos se fueron reuniendo a la hora indicada alrededor de Mariela Warens y Adriana P. González Mirabal, coordinadora del programa en Cienfuegos y una colaboradora, respectivamente, para comenzar lo planificado. Fue el momento más impresionante al menos para mí, que asistía por primera vez al pasacalle que celebra la jornada por las fechas del Síndrome de Down y la concientización del autismo pues en una danza armoniosa, unos pegados con los otros, estos muchachos celebraron la vida y enseñaron a los demás mucho más de lo que pareciera.
Luego, acompañados siempre por la música, iniciaron su periplo por el bulevar de Santa Isabel a la par que repartieron volantes y mensajes de amor. Todos se hacían fotos. La caminata también fue una verdadera fiesta. Ya en el parque Martí colocaron una ofrenda floral ante la estatua del Apóstol como modesto homenaje y Dany Soler recitó unos versos sencillos.

El encuentro finalizó en la Casa de la cultura de la ciudad, donde todos disfrutaron de varios números culturales, protagonizados en su mayoría por representantes de cada una de las comunidades. Los aplausos y la alegría se multiplicaban con los minutos. Hubo juegos, canto, mímica y representaciones.
Fue una mañana de lecciones, pruebas de vida y mucho amor, donde cada familiar y los coordinadores de los talleres, celebraron juntos la oportunidad que tienen todos de unirse por el bienestar y el progreso de cada persona con una discapacidad.

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