Asela: una voluntaria enamorada de GDH
Por Equipo de Comunicación de Cáritas Guantánamo-Baracoa
Foto Asela Vega
Para Asela Vega ser una de las voluntarias del programa de los Grupos de Desarrollo Humano (GDH) representa una motivación de vida que la inspira a permanecer activa y feliz en la transmisión de educación y valores a los niños y adolescentes del taller, en la Diócesis de Guantánamo-Baracoa.

“Comencé como repasadora de Español Literatura dentro de GDH para ofrecer una oportunidad de recapitular los conocimientos a un menor costo, y gratis en los casos de bajos ingresos. Repaso una vez a la semana a estudiantes de secundaria y ha sido una experiencia fructífera”, comenta.
No obstante, la mayor satisfacción para esta voluntaria es la creación y el crecimiento del Grupo “El Principito”, uno de los que conforma la Cáritas parroquial de la iglesia Nuestra Señora de la Medalla La Milagrosa, en la ciudad de Guantánamo.
“A finales del 2013 reuní a niños del barrio, del repaso y a otros que invité y fue un encuentro muy especial, espontáneo. Les hice diferentes propuestas: ofrecer espacios para lectura de libros, manualidades, juegos, y uno específicamente dedicado a los adolescentes en función de desarrollar valores a través de canciones. Les gustó mucho y a partir de esa primera experiencia formamos un primer grupo.
“Hoy ese grupo es bastante grande, contamos con más de 50 beneficiarios y trabajamos juntas 13 animadoras. Nos complementamos según los dones y destrezas de cada una en cuanto a la comunicación, los conocimientos y habilidades, ya sean manualidades como otros saberes, en busca de una atención diferenciada”, explica.

Asela es la principal artífice de este taller que funciona el segundo y cuarto viernes de cada mes, encuentros en los cuales se dedica una hora a los niños y adolescentes con actividades bien concebidas en correspondencia con los valores.
“Tenemos como prioridad trabajar en la capacidad de escucha de nuestros beneficiarios, como necesidad muy concreta. Hemos impartido temas acerca de las relaciones con la familia, la escuela y la sociedad en general. También los acercamos a las manifestaciones artísticas como el teatro y la música, de gran preferencia en esas edades. Por otra parte, enseñamos manualidades en correspondencia con los temas tratados, lo cual los motiva a reciclar, ahorrar, compartir, cuidar. Es un proceso educativo que se da con pasos lentos pero efectivos en el aprendizaje”.
Atender a más de 50 personas —de diferentes edades— implica un reto que requiere mucha organización, paciencia, responsabilidad y el trabajo en equipo, algo que logra Asela con el resto de las animadoras del taller. Los frutos no se hacen esperar.
“Primero hemos crecido como seres humanos, nos convertimos en amigas y familiares e influimos de manera positiva en los niños. Avanzamos en la disposición de estar en el taller, de ser responsables y comprometidos. Logramos con nuestro quehacer la transformación de actitudes en los beneficiarios durante estos 5 años del taller. Es un proceso de emprendimiento que conquista el corazón de los muchachos y muchachas y favorece su crecimiento personal. Hoy son capaces de compartir, de estar juntos sin discutir, de escuchar y respetar a los demás, son más pacientes y tolerantes”, confiesa.
Asela sabe que el apoyo de la familia es fundamental para lograr los resultados esperados: formar valores para convertir a niños, adolescentes y jóvenes en agentes de cambio en su entorno. Por eso también trabaja con los padres y abuelos que acuden al taller.
“Ellos forman parte con su asistencia y colaboración. Programamos encuentros de familia, de gran acogida por su importancia para la educación de sus hijos”.
Al preguntarle a esta educadora apasionada qué grupo prefiere, sus ojos brillan y responde: “Me encanta el trabajo con los adolescentes y ellos también disfrutan los encuentros. Les llama mucho la atención los temas de sexualidad y en ese sentido los orientamos, logramos que nos escuchen. En eso nos han ayudado las formaciones que recibimos en los talleres nacionales ofrecidos por el Programa VIH-SIDA y del equipo GDH”.
Asela es coordinadora del Programa GDH de la parroquia “La Milagrosa” desde el 2014, labor que también la satisface mucho: “Acompaño a los animadores, los ayudo con sugerencias de temas y actividades, les propongo dinámicas, manualidades y juegos. Junto a los voluntarios de la parroquia sumamos dos encuentros de formación a los dos que se realizan a nivel diocesano cada año, para lograr mayor preparación y mejor funcionamiento de los grupos”.
El Programa GDH representa un despertar para Asela: “es la posibilidad de hacer algo diferente. Para mí constituye lo más sublime, el espacio perfecto para educar, enseñar y mantenerme viva”.
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