Aprendiendo a crecer: por mayor bienestar de las personas en situaciones de discapacidad
Por: Equipo diocesano de Comunicación.
¡Qué sensación indescriptible ante el júbilo por disfrutar de la vida! Es ser testigos del crecimiento, desarrollo, bienestar de las personas en situaciones de discapacidad, cual regalos que Dios concede desde su amor infinito.
Así se percibió, entre risas, abrazos y la alegría de los beneficiarios, al participar en las actividades durante la Jornada de la Discapacidad del Programa Aprendiendo a crecer, en la diócesis Guantánamo-Baracoa, iniciada con la conmemoración del Día Mundial de los Síndrome de Down y que culminó mediante una fiesta acuática.

El propósito es visibilizar y celebrar sus avances como la socialización, objetivo válido durante todo el año. Estimular habilidades y propiciarles tiempo de calidad a estas personas motiva cada encuentro como estos.

«Salimos de nuestro espacio habitual y escogimos la piscina para favorecer la rehabilitación física de los niños autistas, Síndrome de Down y con Parálisis Cerebral Infantil (PSI), mediante la técnica de la hidroterapia, comenta Enio Rodríguez, responsable de los grupos «Jardín de amor» y «Fantasía de Colores».
“El juego y baño dentro del agua ayuda a la tonificación muscular, la movilidad y coordinación, además del desarrollo de la autoestima, entre otros beneficios, con los movimientos de manos, brazos, piernas», agregó.
En un ambiente inclusivo y de camaradería, todos participaron sin barreras en los juegos con pelotas y ejercicios de hidroterapia, a la vez que fortalecieron los lazos de apoyo, amistad y empatía entre las familias, creados en los talleres.
Así lo reconoce y agradece Katherine, madre del niño Kevin David: «Nos encanta esta actividad en la piscina, pues contribuye al esparcimiento, la interacción sana entre nuestros hijos y a mejorar sus condiciones físicas.

«Percibo cambios favorables en Kevin que me animan a seguir adelante en el empeño por su desarrollo. Para lograrlo cuento con el apoyo y comprensión de los voluntarios del grupo, pues nos preparan para atenderlos, sin sobreprotección ni dependencia, como tanto lo necesitan. Ellos y el Programa Aprendiendo a crecer representan una gran bendición para nuestros pequeños y los familiares.
Constatar resultados paulatinos constituyen las recompensas soñadas por el equipo de animadores que, en cada taller, ofrecen afecto, paciencia, optimismo, diversos saberes, para contribuir a una mayor calidad de vida de quienes viven con alguna situación de discapacidad física o intelectual.






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