Aprendiendo a Crecer contra los molinos de la Covid-19
Texto y foto: Roberto Alfonso Lara
En la Diócesis de Cienfuegos, el programa Aprendiendo a crecer, que acompaña a personas con discapacidad y a sus familiares, reinventa su trabajo para no abandonar a este grupo tan sensible de beneficiarios. Conoce de su misión a través de esta entrevista a su coordinadora, Mirna Villalobos Medina.
Cienfuegos, septiembre de 2020,- ¿Cómo empinarse por encima de los límites? ¿Cómo afrontar la compleja realidad que vivimos por el interminable azote de la pandemia de la Covid-19? ¿Cómo asirnos a los sueños y metas que previmos para sumar centímetros a nuestra existencia?

Por la cuerda de estas interrogantes transita hoy la humanidad, con la zozobra de un equilibrista que entiende los riesgos de la caída. Así lo hace medio mundo, lo hace Cuba, y Cáritas acompaña también esos pasos. Es otra épica lucha contra los molinos, otro episodio quijotesco que escribimos en el día a día.
En la Diócesis de Cienfuegos, el programa Aprendiendo a crecer no ha puesto coto a su estatura, a pesar de la adversa situación sanitaria imperante en el país. Tras la detección del primer caso positivo en la Isla, en el mes de marzo, se dispuso el cierre de los talleres y el confinamiento de sus beneficiarios —personas con discapacidades físicas e intelectuales—; pero prevaleció la intención de continuar escalando peldaños, ahora en un contexto muy difícil.
Mirna Villalobos Medina (a quien cariñosamente llaman Pituca), coordinadora del Programa en esta región del centro sur de Cuba, explica que si bien el comienzo del actual año estuvo marcado por una nueva coordinación nacional —que abrió otro periodo de trabajo, con maneras diferentes de lograr los objetivos fundamentales—, el escenario de la Covid-19 y la etapa de cuarentena trajeron consigo desafíos que ni siquiera imaginaban.
“No hemos dejado de hacer: rediseñamos las tareas, pudimos llegar con algunos recursos necesarios a cada taller, mantuvimos la comunicación con los animadores a través de las redes sociales y la telefonía fija. Incluso, mediante WhatsApp realizamos encuentros virtuales con la coordinación nacional del programa. Eso sí, ha sido distinto”, afirmó.
Sin embargo, aun con las obligadas restricciones impuestas por el nuevo coronavirus, “nuestro equipo diocesano visitó los talleres localizados fuera de la ciudad de Cienfuegos, en los municipios, preocupado por la situación real que atraviesan los ‘muchachos’ de Aprendiendo a crecer, personas extremadamente vulnerables dentro de la sociedad. Les facilitamos materiales didácticos para que trabajaran mientras permanecieran confinados en sus hogares, y hasta lanzamos un concurso para saber cómo han vivido ellos la pandemia”, agregó.
Así fue la rutina de Aprendiendo a crecer en la Diócesis de Cienfuegos durante cuatro meses de aislamiento social (de marzo a julio), con 19 talleres y alrededor de 270 beneficiarios en suspenso. Las etapas de recuperación sobrevenidas luego despejan el camino, pero la incertidumbre sigue al acecho.
“El periodo nuevo es totalmente incierto, aseguró Villalobos Medina. Nos acostamos en la noche con una realidad y despertamos con otra. Teníamos planificado el inicio de este curso y la culminación del anterior en el mes de octubre, mas hoy no parece oportuno ni razonable comenzar dado el rebrote de la enfermedad.
“Esto para nada significa que renunciemos a nuestros objetivos. Si en un primer momento nos propusimos, por ejemplo, conseguir que los ‘muchachos’ se acordonaran los zapatos, con el receso de los talleres las metas y los resultados son nuevos.
“Muchos —añadió— han aprendido a mantener la higiene de las manos, a usar correctamente el nasobuco, a tener cierta percepción de riesgo, algo difícil en el caso de estas personas, que tienden a acariciarse, besarse, y a buscar el contacto físico. Algunos hasta conocen qué cosa es el virus, qué provoca y comprenden la necesidad de cuidarse”.
Villalobos Medina considera que, ante un entorno tan convulso, Aprendiendo a crecer ha debido crecer más, planteándose otra disposición y actitud para desandar con aplomo la cuerda floja de la pandemia. Por eso cree que, a futuro, resulta preciso diversificar el trabajo y no acostumbrarse a una realidad determinada. “El mundo nos demuestra que es cambiante para todo, y con él tenemos que cambiar nosotros”, concluyó.
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