Aprender y crecer junto a Cáritas

Equipo de Comunicación Cáritas Guantánamo Baracoa

Guantánamo, mayo de 2021— “¡Cuánto añoramos nuestro taller! Nuestra familia espera con ansias que la pandemia termine para retomar nuestras actividades en un grupo en el cual todos aprendemos y crecemos. Es maravilloso apreciar cómo se desarrolla nuestra hija Brenda. Sus logros los debemos, en gran medida, a esta obra de amor de Cáritas”.

Así expresa su agradecimiento Elena Virgen Santiesteban Mora, una de las madres fundadoras del programa Aprendiendo a crecer en la Diócesis Guantánamo-Baracoa, quien junto a su esposo aprendió a conocer del Síndrome de Down, una condición diferente que se produce cuando ocurre una alteración genética en los cromosomas.

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“Nuestra historia en Cáritas inició gracias a la invitación del doctor Ecris Aladro y su esposa Eusebia Sánchez (Chebita), quienes nos buscaron en casa para comenzar este hermoso quehacer que no solo aporta mucho bien a nuestra hija Brenda (Síndrome de Down), sino a toda la familia”.

“Mi esposo y yo fuimos de los que conformamos el primer grupo a nivel nacional y participamos en el encuentro inicial que fue en La Habana, donde nos reunimos con personas de todas las diócesis que tenían hijos y otros familiares con necesidades especiales. Conocimos que el propósito era ofrecernos amor, atención para la promoción, apoyo y fue algo muy grande”.

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Como expresa Elena, el programa Aprendiendo a crecer comenzó en Guantánamo con unas ocho familias en la iglesia de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa y, entre todas, incentivaron a más personas para formar poco a poco los talleres en otras parroquias de la Diócesis.

Además de personas con Síndrome de Down, forman parte de los grupos quienes tienen Síndrome Prader Willy, discapacidades motoras, intelectuales, visuales, entre otras. Cada discapacidad posee características diferentes y requiere de una atención personalizada.

“Por eso pedimos ayuda y tuvimos la colaboración de varios profesionales que nos transmitieron conocimientos acerca de las diferentes condiciones para tratar y atender mejor a nuestros hijos, según sus necesidades y particularidades. También nos remitieron a especialistas y centros para ofrecerles la asistencia adecuada”. 

Recuerda Elena que en aquellos primeros momentos había muchos niños y adolescentes que no estaban insertados en la escuela y permanecían en sus casas sin instrucción, por el temor de los padres al rechazo, burla o discriminación social hacia sus hijos.

“Este Programa contribuyó a cambiar esa realidad y propiciarles la socialización, uno de los grandes aciertos de Aprendiendo a crecer”, asegura esta mujer que durante años fue educadora de círculo infantil.

“De mis experiencias en estos 25 años del Programa nunca olvidaré las visitas con el doctor Ecris Aladro al hospital, cuando nos enterábamos que había nacido un bebé con Síndrome de Down. También íbamos a las casas para explicar a los padres las características de este trastorno, para que no rechazaran a sus hijos, sino que los atendieran con más amor”. 

Con mucha emoción en la mirada y la voz, Elena confiesa que juntos, padres y animadores de los talleres, descubrieron numerosas potencialidades en estos niños, adolescentes y jóvenes, capaces de desarrollarse en muchos ámbitos.

“Aprendimos a entender mejor a nuestros hijos, a no sobreprotegerlos ni mirarlos con sentimientos de inferioridad, al contrario, los formamos en la independencia y les enseñamos habilidades para ser útiles a sí mismos y a los demás. Aprendiendo a crecer nos unió en un grupo que devino familia gigante para compartir los buenos y malos momentos. Juntos enaltecemos la dignidad y valor de las personas con capacidades diferentes”.

Elena reconoce con orgullo cuanto aprende su hija Brenda, como las habilidades para recortar, ensartar agujas, además de realizar tareas domésticas y perfeccionar sus dotes artísticas.

“Los resultados son maravillosos. Mi hija es una de las integrantes del grupo musical Las Maravillas de Dios, conformado en el taller de igual nombre, y es reconfortante verla cómo disfruta de la música y el baile. Me siento feliz al verla en cada presentación y puedo asegurar que Brenda es uno de los grandes regalos que me ha dado la vida”.

Por todo eso, Elena agradece a los que aportan en el mundo para el buen quehacer de Aprendiendo a crecer, y a quienes ayudan desde  Cáritas en la Diócesis de Guantánamo Baracoa a cambiar  percepciones erróneas e inhumanas con respecto al Síndrome de Down. Es impresionante percibir cuánto pueden ser y lograr estas personas pues, por encima de todo, son criaturas amadas de Dios.

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Comunicación de Cáritas Guantánamo-Baracoa
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