Antorchas encendidas que nos inspiran.

Por: Maritza Sánchez Abillud (Directora de Cáritas Cuba)

La iglesia tiene la misión de anunciar el Evangelio y dar a conocer a Jesucristo como camino, verdad y vida; una propuesta por la que podemos optar desde nuestra libertad, esa misma que Dios nos regaló cuando nos pensó.

Gloria voluntaria caritas cuba

Dentro de la Iglesia, Cáritas evangeliza especialmente desde el servicio. Su trabajo es testimoniar con actos tangibles el amor de Dios a los hombres, especialmente a los que sufren; y hacerlo respetando siempre su libertad.

El proceso comienza por tener una mirada de la realidad que sea contemplativa, es decir, que se mire con los ojos de Dios, de manera que la observación nos interpele y nos conduzca a ejercer una caridad liberadora, transformadora, tal como lo es el amor de Dios. En este proceso del que solo somos instrumento, es imprescindible saberse abajar y con toda delicadeza y respeto casi místico, ACOMPAÑAR.

Patria voluntaria caritas cuba

No es tan sencillo como pudiera parecer. Muchas veces tenemos la impresión de que nuestros servicios son vistos como ofrecer lo básico para la subsistencia a aquellos que están en situaciones límites, repartir cosas como si estuviéramos respondiendo siempre a una situación de emergencia interminable, y esto no pocas veces nos ha frustrado y desanimado.

La única forma de mantener el ánimo es buscando la luz, la fuerza en nuestra espiritualidad cristiana; y en esta búsqueda, es muy socorrido contar con personas que irradian con fuerza, por encima de cualquier dificultad, esta espiritualidad.

Dios nos ha regalado en Cáritas Cuba muchas antorchas encendidas que nos han ayudado a levantarnos y seguir el camino. Hoy queremos recordar especialmente a tres de ellas que ya hicieron el tránsito a la casa del Padre, nuestros entrañables Gloria Fariñas, Patria Deyundé y Monte, como cariñosamente llamamos a Ramón de Jesús Monteagudo.

Monteagudo voluntario Caritas Cuba

Los tres, desde su vocación de maestros, se dedicaron durante muchos años a la formación de las personas que prestan sus servicios desde las parroquias y comunidades, en las oficinas de Cáritas diocesana y nacional y en cualquier espacio donde hizo falta.

Los tres fueron paradigmas de acompañamiento desde diversos servicios. No solo lo hicieron con las personas que sistemáticamente han sido beneficiarias de los programas de Cáritas en sus diócesis, sino también como parte de los equipos de trabajo en los que se desempañaron, donde han dejado una estela durable en su relación con otros coordinadores, formadores y directores.

Los tres, fieles testigos de la fe en Jesús Nuestro Señor, como ya decía, son de esas personas que te sostienen espiritualmente cuando te faltan las fuerzas: solo basta mirar su paz, serenidad y seguridad en que lo que hacemos juntos es de Dios y tendrá sus frutos… y hablo en presente porque los tres, con certeza, siguen acompañándonos desde el cielo.

Padre bueno, gracias por el regalo de sus vidas, que ya estén disfrutando de tu Paz y de tu Luz.  Amén.

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Maritza Sánchez Abillud
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