Fotos: Cortesía de red de Cáritas Diocesana de Santiago de Cuba

En las comunidades de Contramaestre y Palma Soriano se aprovecha cada rayo de sol, cada hora de claridad para sostener el ejercicio humanitario hacia familias damnificadas. Ellas pertenecen a la diócesis de Santiago de Cuba y su voluntariado trastoca la realidad en solidaridad y esperanza.

No importan las distancias ni los obstáculos del terreno. Aquí, cualquier medio de transporte alternativo es válido: autos particulares con carretas de remolque, tractores, coches tirados por caballos, se convierten en vehículos de caridad para que la ayuda llegue a los hogares identificados entre los de mayor vulnerabilidad.

En las manos de esos beneficiarios, un donativo que viene de la administración norteamericana, en gesto que demuestra el vínculo de fraternidad entre hermanos de ambos pueblos.

Este andar apoyado por la Cáritas Diocesana en Santiago de Cuba es la prueba viva de que cuando la adversidad se multiplica, la caridad nos une.

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Equipo de Comunicación Cáritas Cuba
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