Albio: un hombre que encontró a Cristo en los pobres

Por Enmanuel Santos

En la mirada se puede leer todo el cariño que desborda su corazón. Verlo hablar de la familia, de su ministerio del diaconado, de los adolescentes y jóvenes con los que trabaja, es la mayor prueba de que su presencia en Cáritas Camagüey es un regalo de Dios. Albio Reyes Dorta no solo es diácono de la comunidad San José en Camagüey, sino un evangelio vivo manifestado en el programa Grupos de Desarrollo Humano, de esa diócesis.

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Diácono Albio Reyes Dorta.

¿Cuándo llega al proyecto de Cáritas?

Fue alrededor del año 2000, me encontraba trabajando en la comunidad de Albaisa, una de las primeras en las que misioné. Surgió un proyecto de Cáritas para la infancia, con el cual empecé a colaborar por medio de los niños de la catequesis y desde entonces brindo mi ayuda.

La iglesia posee varios proyectos y programas para ayudar al crecimiento material y espiritual de las personas. ¿Por qué decidió servir en Cáritas?

El trabajo que se realiza en los distintos programas de Cáritas es muy bonito. Allí uno encuentra la mano de Cristo que acaricia al pobre, al marginado, por eso su labor pastoral me enamoró desde el primer momento.

¿De qué forma ha prestado o presta colaboración a Cáritas?

Mi principal misión ha sido acompañar a niños y especialmente a adolescentes y jóvenes en desventaja social. Sobre todo a través del deporte, aunque no soy deportista, pero mi trabajo es básicamente con esos muchachos que juegan fútbol y demás. Pero lo más importante es ayudarlos a crecer espiritual y humanamente. Yo siempre recuerdo algo que dijo San Ignacio de Loyola: “Hagamos primero al hombre y después al santo”, y eso es fundamental, el primer objetivo de nosotros es ayudar a estos jóvenes para que sean hombres de bien.

¿Cuánto ha aportado a su vida como ministro de la iglesia este proyecto?

Mucho. Para mí ha aportado mucho, porque cuando tú ayudas a crecer a un niño, a un adolescente, aunque sea solo espiritualmente, eso te alimenta, te llena por dentro, y mucho más cuando eres ministro de la iglesia. Siempre en estos proyectos recibimos más de lo que damos, porque muchos de estos jóvenes te sienten como familia y agradecen los consejos que le damos para el futuro.

Muchas veces los proyectos de la iglesia son poco apoyados por el clero. ¿Por qué cree que sucede esto?

Bueno, en algunas ocasiones sucede, pero hay que tener en cuenta una realidad que tenemos en Cuba: la necesidad de vocaciones. A veces encontramos sacerdotes que atienden dos parroquias, o son profesores del seminario y atienden otras pastorales, y son factores que impiden abarcar todo. Y también Cáritas ha estado siempre en buenas manos, los que trabajan aquí entregan su corazón al proyecto y esto aumenta la confianza por parte del clero.

La familia también es una parte importante en la vida de un diácono. ¿Cuánto sacrificio implica compartir ambas misiones?

A veces se muestra difícil. La familia requiere de mucha dedicación y en ocasiones cuando reforzamos una cosa, otra queda más floja y así es la vida. Yo tengo una niña adolescente y necesita mi presencia, mi acompañamiento, por eso hay cosas que uno tiene que sacrificar por su condición de padre. Ambas misiones son importantes y se deben llevar a la vez, y eso también es hermoso, porque no hay nada más reconfortante que llegar cansado del trabajo y ver a un hijo tuyo que viene sonriendo a darte un beso, eso me llena el corazón.

El testimonio de Albio es sin dudas una manifestación de nuestro Padre del cielo con nosotros. Este hombre de Dios se olvida del reconocimiento y de los aplausos y entiende que el formar parte del clero no es un privilegio, sino un don que Dios quiere que regale a los más necesitados.

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Santos Rodriguez
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