“Ahora sí puedo volver a trabajar”

Por: Equipo de Comunicación de Cáritas Cuba

Durante 2019 y lo que va del 20, Cáritas Habana ha distribuido cerca de 80 sillas de ruedas, de 120 que fueron donadas a la Cáritas Nacional por el Rotary Club de Estados Unidos.  Entre el 12 y 17 de enero, veinte miembros de esta organización filantrópica visitaron la Isla para descubrir las huellas que ha dejado su donativo entre los beneficiarios.

Es casi mediodía, y vamos surcando La Habana, más bien serpentéandola, de un modo tal que se me dificulta responderles cuando preguntan en qué municipio estamos. Los límites entre Centro Habana y Habana Vieja se desdibujan o se superponen, porque el panorama es bastante el mismo: calles angostas, baches, basura desbordada en tanques azules, más baches, aguas albañales, una carretilla con frutas y verduras… edificios muy viejos y ajados.

Ellos son cuatro: una mujer y tres hombres, americanos, primera vez visitando Cuba. Hay una sed en sus ojos de tocar todo lo que arde más allá del cristal oscuro del pequeño bus en que viajan. Nosotros, un equipo de Cáritas Cuba y Cáritas Habana, les acompañamos a visitar a cuatro beneficiarios que hoy recibirán sillas de ruedas, donadas en 2019 por la organización filantrópica a la que pertenecen: el Rotary Club, y por la Canadian Wheelchair Foundation.

La primera puerta ya está abierta, la concha espiral de un caracol marino la sostiene, evitando que el aire la cierre. Adentro nos espera Silvia Pérez González, una señora cuyas dos piernas han sido amputadas sin rebasar aún los sesenta años.

Silvia duerme en un sofá muy deteriorado porque no tiene cama. Tampoco hay en su casa un refrigerador, ni televisor, ni otros equipos electrodomésticos. Una radio se mantiene encendida durante todo el tiempo que dura la visita, acaso para susurrarnos que esta es la compañía más sistemática de esta mujer.

Silvia se mueve en una silla de ruedas prestada. Ahora que le llega la donada por el Rotary Club, devolverá esta a la persona que se la facilitó temporalmente.

En una reunión previa que han tenido en la sede Nacional de Cáritas Cuba, los 20 visitantes que compone la delegación completa, han recibido la explicación de la Directora de Cáritas Habana: “con estas sillas donadas por ustedes, hemos dado respuesta a solicitudes que llevaban 3 y hasta 4 años pendientes. En Cuba, el acceso a este tipo de equipamiento se dificulta mucho y es muy demandado, ante situaciones como amputación de miembros, discapacidad motora por parálisis cerebrales u otros factores, demencia, y por personas mayores con gran deterioro físico. La demanda siempre supera nuestras posibilidades, al punto que cuando fallece un beneficiario, muchas veces la familia nos busca para devolver la silla, que la restauremos un poco y vuelva a servir para alguien más”.

Silvia, ahora, devolverá la que le prestaron. “Son muchas cosas las que no tengo, pero bueno, ya me llegó la silla, gracias a Dios”.

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Equipo de Comunicación Cáritas Cuba
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