Adultos mayores en Lajas: antes y después de la Covid-19

Texto y fotos: Roberto Alfonso Lara

Desde que se decretó en Cuba el estado de cuarentena nacional por la presencia en el país de la Covid 19, Cáritas ha buscado la manera de seguir acompañando a sus beneficiados sin poner en riesgo sus vidas ni las de los voluntarios. Hoy compartimos la experiencia vivida en estos meses en Lajas, Cienfuegos, por el Programa de Personas Mayores de nuestra institución.

Adultos mayores en Lajas antes y despues de la Covid 19
Durante el periodo de la pandemia y ahora en la etapa de recuperación post-Covid19, el PPM en Cienfuegos implementó alternativas para asegurar la atención a los ancianos.

Cienfuegos, 20 de julio de 2020- En aquellos días de marzo, poco antes de que se anunciase la primavera, era común que las mañanas despertaran con los abuelos apostados en los bancos del parque, frente a la parroquia San Antonio de Padua, del municipio de Lajas, en Cienfuegos. En aquellos días de marzo era común también que Lourdes Osés Mora, voluntaria del Programa de Personas Mayores (PPM), recibiera a estos ancianos al interior del templo para ofrecerles el habitual servicio de alimentación. Pero lo que hasta entonces había sido común durante más de diez años, dejó de serlo inesperadamente.

Luego de que las autoridades oficiales informaran el reporte de los primeros casos positivos de Covid-19 en el país, la vida comenzó a ralentizarse y fue preciso el cierre temporal de varias instituciones y la suspensión de numerosas actividades, con el fin de evitar la propagación de la enfermedad.

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Desde que inició la pandemia, Lourdes se dedicó también a coser nasobucos para regalar a las personas más necesitadas.

Cáritas Cuba no quedó ajena a la situación de emergencia sanitaria, ante la cual debió replantearse la manera de llegar a los beneficiarios de sus distintos programas.

Dice Lourdes que cuando el Padre Marcelo le comunicó que “hoy es el último día”, ella sintió tristeza. “¿Pero cómo no voy a venir más? ¿Y ahora qué hago?”, replicó, pese a comprender la naturaleza de la decisión. Claro, de ningún modo sería fácil asumir esta obligada parálisis, tras una década en que asistir a personas mayores en condición de vulnerabilidad se convirtió prácticamente en su rutina.

Antes de la pandemia, “el desayuno funcionaba de martes a sábado, a las ocho de la mañana. Los almuerzos se daban los martes y los viernes a las 12:30 del mediodía, con todos sentados a la mesa. A los enfermos, y a aquellos que no pueden caminar, les llevábamos este servicio a la casa. Siempre fue reconfortante socorrer a viejitos tan pobres, que no tienen nada”, narra Lourdes.

Quizás por eso temió en demasía cuando las horas del nuevo coronavirus sembraron dudas sobre el devenir del Programa. “No sabía si íbamos a seguir con la asistencia —agregó—; sin embargo, doy gracias a Dios porque se logró disponer de algún tipo de ayuda, pues varios de los ancianos que atendemos viven en condiciones muy críticas y solos”.

Durante la cuarentena decretada en Cuba, los doce servicios de desayuno que se brindan en comunidades de la Diócesis de Cienfuegos pasaron al esquema de cantina o a domicilio, mientras que los tres comedores empezaron a autogestionarse bajo la modalidad de asistencia financiera a los beneficiarios.

Por otra parte, los ocho servicios de lavado de ropa continuaron las prestaciones hasta mayo, pero las dificultades para adquirir el detergente obligaron a detenerlos.

“Durante estos meses les entregamos a los beneficiarios la leche en polvo, así como galletas y caramelos. También recibieron un ‘dinerito’ para que pudieran comprar algo de comer, porque aun cuando el Estado se ocupa de garantizarles un almuerzo, a veces es insuficiente”, comentó Lourdes.  

Felicia Aranda Villalpando figura entre los cerca de 20 beneficiarios que son asistidos por el PPM en la parroquia San Antonio de Padua. Al inquirir sobre cómo ha sopesado ella los meses de cuarentena por la Covid-19, sus respuestas fueron concretas y repetitivas: “la he pasado muy bien”; “me he sentido muy bien”. Así dijo para alegar después que “por la vía de la Iglesia y de todo lo demás me han ayudado mucho, y siguen ayudándome”.

Hoy, al abrirse el camino hacia la recuperación, el deseo de regresar a la vida anterior se impone. “¡Muchacho, la alegría es tremenda!, aunque todavía no podemos iniciar los servicios con ellos, porque nos faltan recursos. Entonces, los visitamos y les seguimos llevando la ayuda, con el apoyo de mi esposo y del diácono. Por supuesto, mi mayor anhelo es volver a brindarles la atención que recibían; ojalá y sea pronto”, dice Lourdes.

Para cuando esta necesaria prestación del Programa de Personas Mayores de Cáritas consiga reponerse, ya no será primavera, pero los bancos del parque de Lajas, frente a la parroquia San Antonio de Padua, estarán esperando por los beneficiarios, para comenzar a construir nuevamente lo que una vez fue común.

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