Acompañar y ser acompañados en la ruta de servicio de Cáritas
Por: Equipo de comunicación Cáritas Cuba

Estamos en el Santuario del Cobre e iniciamos peregrinación hasta el Camerín de la Virgen de la Caridad para encontrarnos con la Madre de Jesús, rezarle por su intercesión en estos tiempos de especial fragilidad y angustia en Cuba, por Cáritas y su servicio de amor, misericordia y esperanza, ante las crecientes vulnerabilidades de las familias.
También oramos por cada persona escogida para el quehacer caritativo, de modo que su andar se sostenga de las fuerzas y Espíritu de Dios.
El ruego al Buen Padre en ese momento de intimidad con nuestra querida Madre clamó por su ayuda para superar con fortaleza las adversidades y servir con generosidad de espíritu.

Tanto el equipo de la Oficina Nacional de Cáritas como el diocesano coincide en agradecer la luz de Dios en nuestros caminos y le pedimos cuide a las familias cubanas, que encontremos en Él una fuente de amor y alivio a las necesidades y sufrimientos de la cotidianidad.
Tras este momento de profunda espiritualidad, inicia la sesión de trabajo en torno al quehacer institucional y las alternativas de servicio frente a los obstáculos presentes en el contexto actual.
Una presentación visual muestra los rostros y obras de sacerdotes, religiosos y laicos comprometidos con la organización y atención a los más necesitados, con los matices históricos de Cáritas en la diócesis de Santiago de Cuba desde 1991 hasta la fecha.
El hecho de lograr un intercambio fraterno de experiencias retomando la personalización del acompañamiento conmovió a todo el equipo, que expresó la alegría de compartir y multiplicar conocimientos y estrechar manos y corazones en este tiempo de tanta fragilidad emocional.

El sabor de compartir emociones y saberes que permiten conectar y crecer juntos como organización eclesial, la posibilidad de retroalimentación acerca del camino de servicio con la mirada siempre abierta y en sintonía con las necesidades del hermano vulnerable, el agradecimiento por el tiempo de socialización y empatía, además de la motivación creciente por mejorar el trabajo humanitario de Cáritas, matizaron la despedida.
Concluimos rezando juntos la oración a Nuestro Padre para agradecer la Gracia de colocarnos al servicio de beneficiarios que nos confían el tesoro de su vida y desamparo; a voluntarios de comunidades que desde el anonimato ofrecen su tiempo, esfuerzos y carismas.
Volver es una palabra necesaria que se convierte en promesa de trabajo para apreciar de cerca todo cuanto se hace en la Cáritas diocesana a favor de grupos sociales vulnerables.















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