Primer itinerario de enero en 2024: de Guantánamo hasta Baracoa y Maisí
Por: Katiuska Fournier de la Cruz
Los dilemas económicos de la realidad cubana impulsan nuevas maneras de hacer el trabajo caritativo en una organización resuelta a servir a los más necesitados.

Desde la diócesis de Guantánamo-Baracoa, cuya geografía montañosa exige largos recorridos para llegar hasta las parroquias situadas en parajes intrincados, se orienta un trabajo de equipo que garantice el servicio a varios programas en los viajes a esas comunidades.

En este mes de enero, se juntaron coordinadores de tres programas de Cáritas para el acompañamiento de equipos de trabajo de Cáritas, traslado de los alimentos de comedores parroquiales de Imías, Baracoa y Maisí, además de llevar materiales útiles en la preparación y cultivo de la tierra.

El trayecto de más de 200 kilómetros inició en la madrugada como garantía para lograr lo planificado, luego de la exhaustiva colocación de provisiones en un medio de transporte que precisó estrechar a los pasajeros ante los apuros de un combustible cada vez más ausente del mercado.

Las primeras imágenes del amanecer regalaron ánimos a este grupo que alabó la belleza de la madre Naturaleza, mientras se conducía con cuidado por La Farola, curioso viaducto que conecta a Guantánamo con la ciudad de Baracoa, el cual entraña gran pericia de choferes por sus peligrosas curvas en ascenso.
Al llegar, la alegría y los abrazos insertan fuerzas.

Siempre es así al acercarnos a la comunidad de Playa, en la ciudad de Baracoa. Son voluntarios del Programa de Personas Mayores (PPM) cuya empatía, dinamismo y creatividad, alienta y gratifica. Ellos garantizan el servicio de comedor de esa zona a más de una veintena de ancianos.
Martha, responsable del servicio y del grupo de animación sociocultural, comentó:
Se perdieron nuestra fiesta navideña. Nos divertimos a lo grande con los beneficiarios. Pronto haremos también el primer encuentro de 2024 con los mayores.
Virginia, la contadora, expresó:
Cuando ofrecemos el servicio, se acercan otras personas vulnerables a pedir ayuda. Gracias a la labor de la comunidad y del padre Máximo que nos apoya, compartimos alimentos con ellos. Cada día crece el número de viejitos necesitados.
Sully Expósito, coordinadora del PPM, facilitó boletines y materiales para las actividades de formación entre beneficiarios. Igualmente brindó ideas relacionadas con la elaboración del menú del comedor junto a Elizabeth Santos, miembro del Consejo de Personas Mayores y coordinadora del de ahorros.


La próxima ruta conduce hasta Maisí por la zona de Yumurí, otro singular entorno de exquisita biodiversidad donde se unen mar y río en espectacular promesa. Antes de traspasar los límites con Baracoa, nos esperan Magalis y su familia, quienes mantienen un hermoso microemprendimiento de jardinería a la vez que lideran el Taller intergeneracional de artesanía en la zona de El Jamal.

Por fin entramos al municipio más extremoriental de Cuba, Maisí. Josefina, responsable del comedor de la comunidad de Sabana, nos recibe con su jocosidad y simpatía. Acerca del servicio de comedor, refiere:

sable del comedor Sabana, Maisí
Tenemos un nuevo sacerdote en la parroquia y ya conoce del funcionamiento del comedor. Ha visto cómo organizamos todo para ofrecer los alimentos a los más necesitados de acá. Nuestros beneficiarios están contentos del servicio y las actividades que hacemos para ellos.

Javier se queda boquiabierto al ver las herramientas que les traen sus hermanos del Programa de Acompañamiento a Familias Campesinas: machetes, fundas, azadones, rastrillos, todos de la marca líder en el sector constructivo Bellota, le sacan un brillo en el rostro y expresa:
Esto me da un alegrón!

Raulice, responsable del grupo de campesinos de toda la zona, comenta la utilidad de algunos de esos materiales:
Las fundas de machetes nos protegen al subir lomas de un accidente. Es super valiosa esta entrega. Mira qué nuevecitas las palas y azadones, desde cuándo uno no ve estas herramientas! Ahora esto permite preparar mejor la tierra. Me alegra muchísimo porque van a servir a los jóvenes del programa para que trabajen con condiciones y a otros que son esforzados en su trabajo”.


Al término de esta visita, regresamos a Baracoa para un encuentro dividido: por una parte, en Cabacú se reúnen beneficiarios del Taller de Laborterapia del PPM y por otra, en la intrincada área de La Recontra, esperan campesinos el intercambio de experiencias con su equipo coordinador.
Noelia Carmenati, coordinadora de ese proyecto de Cáritas en la diócesis, socializa con los labriegos y se adentra en pormenores productivos, además de reconocer la eficacia de la alianza entre estos para multiplicar los frutos del campo y diversificar especies.
Ambas citas transcurren en la tarde y de ellas se anotan vivencias, nuevas ideas y desafíos para proseguir con el accionar de los programas a favor de las personas que lo conforman.
Se desconoce la fecha de volver a estas serranías, entregar otros recursos necesarios para sus programas y servicios, además de compartir con voluntarios y beneficiarios. Las medidas en torno al alza de precios del combustible y otras prestaciones preocupan al equipo diocesano y la red de Cáritas en general. No obstante, el compromiso e ingenio de tantas personas con la ayuda de Dios siempre salva y resuelve todos los contratiempos.
La noche llega, nuestro joven chofer, Jesúsu Hernández, despliega sus dones y prudencia para un regreso seguro y feliz en medio de una charla que recuenta los pasajes del día. La gratitud por cada vivencia impera.
Más pronto que tarde, parafraseando cierto refrán, retomaremos esta aventura que abraza nobles gestos de bien entre hermanos.
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