Un taller que transforma vidas
Por: Katiuska Fournier de la Cruz, comunicadora de Cáritas Cuba

A Claudia Isabel le adorna siempre una sonrisa el rostro. Ella forma parte de una familia con seis hermanos, madre, abuela, tía y padrastro donde a menudo se carece de lo imprescindible para vivir pero la inocencia de sus años adolescentes le hacen retener esa alegría inspiradora, en medio de la adversidad.
Hace seis años, Claudia integra un Taller del Programa Grupos de Desarrollo Humano (GDH), de Cáritas Guantánamo-Baracoa, en el que se conquistan cualidades y esperanzas. Al interior de una comunidad del área norte de la ciudad y rebosada de vulnerabilidades, cuyas familias a menudo ceñían banderas de disputas, este espacio emergió para transformar esos ruidos en encuentro, belleza y armonía.
Más de veinte talleres de este tipo se diseminan en zonas urbanas y rurales de toda la diócesis, dedicados a fortalecer valores en niños, adolescentes y jóvenes, a acompañar a las familias en el cuidado y mejor educación de sus hijos, a animar los días de la mano de más de sesenta voluntarios en pos del sano crecimiento humano e integral de los menores y sus familiares.

Un patio vecino sirve de acogida dominical a niños y adolescentes del taller que, como Claudia, endulzan la mirada mientras aprenden de literatura, artes, cualidades y paz.
“Me gusta hacer dibujos y otras cosas, aprender a hacer manualidades, participo en concursos de baile y me encanta festejar la Navidad.”
En cada cita es usual ver a Claudia guardar su merienda a sus hermanos porque compartir es, para ella, un gesto ineludible. En la actualidad, dos más de ellos se suman a esta oportunidad de aprendizajes, intercambios y crecimiento.
“En el grupo mantenemos buenas relaciones y me hace feliz todo lo que hacemos. No nos regañan tanto y siempre estoy atenta a cada enseñanza.”

Con sinceridad afirma que ya no “se faja con nadie” y en la escuela enseña a evitar actos y palabras violentas, hecho que validan otros niños de su taller, ascendente a una veintena de integrantes.
Al preguntarle de otras experiencias asegura: “jugamos y nos preocupamos por el otro. Yo comparto lo que tenga y si alguno enferma y le hace falta una pastilla se la llevo. A las niñas nos enseñan a cuidarnos y vestirnos de manera adecuada, a protegernos siempre. Me encanta cuando leemos cuentos, poesías y escribimos nuestros sueños. Luego voy a casa y cuento todo a mi familia.
Del intercambio intergeneracional por medio de actividades con grupos de personas mayores, Claudia expresa que disfruta esas vivencias y de ellas “he aprendido de bailes de época, cantos y respeto”.
Por último, la interrogante inquiere en palabras que definan al taller y entre oraciones responde: “Siempre me hace bailar, ser solidaria y me llena de nuevos aprendizajes”.














Visitas: 27

