Taller de Formación de GDH en Matanzas: ser como Jesús, el Maestro
Fotos: Lourdes Abuin.
Texto: Lianet Fundora Armas

Si dirigimos una mirada a la luz de los Evangelios, encontramos que Jesús se define a sí mismo de disímiles formas: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”; “la luz del mundo”; “la vid verdadera”… entre otras. Sin embargo, durante la última cena con sus discípulos hay una expresión que se nos graba en el alma: “Vosotros me llamáis Maestro y Señor; y decís bien, porque lo soy”.
¡Cuántas virtudes hallamos en el ministerio de Jesús al contemplarlo como guía! Precisamente los participantes en el Taller de Formación del Grupos de Desarrollo Humano (GDH) de Cáritas Matanzas tuvieron la oportunidad de profundizar en el modelo de Maestro que nos propone Cristo a través de su ejemplo.

“ ¿Cómo enseñaba Jesús? Con paciencia y amor; adaptabilidad (predicaba a través de parábolas a fin de que el mensaje llegara a todos los corazones); ofreciendo un testimonio mediante la práctica (el hijo de Dios lava los pies de los apóstoles para evidenciar desde la profundidad de su gesto el mandamiento del amor).
“Tenemos diversos desafíos, entre ellos mantener una escucha activa, de modo que conozcamos las necesidades de nuestros beneficiarios, incluso aquellas que se vislumbran en su silencio; contribuir con una educación integral, esa que más allá de fomentar el conocimiento apuesta por la transmisión de valores y por último; no perder de vista el anhelo de que vivan la espiritualidad cristiana”, expresó Ivet Méndez Castelo, formadora de GDH .


Durante su intervención los presentes conocieron sobre la espiritualidad de la suplencia, esa que nos presenta a Jesús como complemento de nuestras vidas. “No se trata de anular nuestras virtudes, sino de unirlas a las de Cristo. En ese complementarnos ocurre la maravilla, el milagro que transforma”.
“Educar en la escasez es un acto de fe. En ello no estamos solos. Así como Jesús calmó la tempestad desde la barca y procuró una pesca milagrosa, hoy debemos confiar en que nos suple a diario. Dios tiene un plan, un propósito para cada uno de ustedes que se ofrecen por amor a tantos alumnos”, señaló Ivet.
Entonces, entre las manos de todos nacieron barquitos de papel que junto al agradecimiento por la vocación del magisterio, emprendieron un periplo imaginario sobre el infinito mar de la oración.
MÁS CERCA DE LAS REALIDADES, MÁS ENTRELAZADOS A LAS FAMILIAS

De vital importancia resultó la conferencia impartida por María Esther, psicóloga clínica perteneciente a la parroquia de San José, en el municipio Martí, donde por primera vez se materializó el sueño de lograr una escuela de padres, gracias también al impulso de las hermanas dominicas.
“El objetivo del proyecto es llevar a la par la formación de los niños y su familia. Hasta el momento hemos realizado tres encuentros en los cuales se abordaron temas complejos como la autoestima, los roles en el hogar, la protección de los menores, los valores. Un promedio de 30 padres asistieron y nos satisface la aceptación de dicha iniciativa”.
La especialista instó a reconocer cuán bendecidos son quienes tienen la vocación para trabajar con los más pequeños. Asimismo, se refirió al diseño de actividades motivadoras teniendo en cuenta las etapas del desarrollo de cada beneficiario.
“No olvidemos que los niños son emergentes de su medio familiar, escolar, social, comunitario y lo reflejan en su forma de decir, hacer y sus estados de ánimo. Somos conscientes de las situaciones complejas que enfrentan a diario por eso estamos llamados a ser luz en medio del mundo y Jesús es precisamente nuestra fortaleza”, agregó María Esther.

Por otra parte, las opiniones, historias de vida y experiencias fueron compartidas en el taller a través de un intercambio enriquecedor conducido por Yailén Guzmán Hernández, coordinadora diocesana de GDH quien agradeció a a quienes hacen posible que las huellas del mismo florezcan en tantos sitios de la geografía matancera.
Les recordó la alta responsabilidad que tienen en sus manos, lo indispensable que resulta promover las buenas prácticas y mantener espacios eclesiales seguros de salvaguarda, donde la participación de los padres favorezca el cuidado de alumnos, profesores, sacerdotes.


Abrazos, compartir fraterno, frases alentadoras, marcaron la jornada que incluyó instantes para el disfrute del juego de dominó y la playa El Tenis. Dicha formación devino impulso para volver a la esencia de este programa: contribuir al desarrollo integral de niños, adolescentes y jóvenes en riesgo de exclusión social, en pos de convertirlos en agentes transformadores de su realidad.
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