Servicio de comedor parroquial en Morón, de la diócesis de Ciego de Ávila.

Matices de solidaridad en Morón, Ciego de Ávila

Por GianCarlo Pardo Díaz, comunicador diocesano de Cáritas Ciego de Ávila

Servicio de comedor Moron
Servicio de comedor parroquial

En Morón, el gallo de la solidaridad canta fuerte: un comedor social se convierte en faro de esperanza y amor comunitario

Morón, municipio avileño, es hogar de habitantes que guardan un especial parecido al símbolo que representa a la ciudad: el gallo. Esta ave, conocida por su carácter protector, refleja el espíritu solidario de la comunidad, siempre lista para apoyar a quienes lo necesitan y vigilante de su entorno.

A pocos pasos del templo Nuestra Señora de la Candelaria, se encuentra la casa parroquial y, en su patio, el comedor del Programa de Personas Mayores, de Cáritas Ciego de Ávila. Este lugar es mucho más que un simple sitio para recibir una comida caliente; se ha convertido en un símbolo de esperanza, compasión y solidaridad en la comunidad. Antiguamente, los domingos, y hoy cada jueves, un grupo de voluntarios dedicados se reúne para preparar alimentos para las personas necesitadas.

Apoyo al servicio de jovenes
Jóvenes que apoyan la dinámica del comedor parroquial

Entre las voces que resuena en este espacio figura la de Osmaida, una de las voluntarias, quien comparte su historia:

Osmaida Estela Gomez Cruz voluntaria del comedor parroquial
Osmaida Estela Gómez Cruz, voluntaria del comedor parroquial

«Vengo de una familia humilde. Mi madre me enseñó la fe desde muy pequeña y la necesidad de acompañar esa fe con obras. Siempre he trabajado de manera cercana con las personas, dándoles lo mejor de mí. Sin embargo, sentía un deseo interno de amor más profundo, por lo que siempre dije que el día que me retirara quería servir a Dios y a mi prójimo. Luego de retirarme, un día llegué al comedor donde me pidieron que ayudara. Con el tiempo, ante una necesidad, me entregaron la responsabilidad de estar al frente del comedor y acepté, recordando con cariño cuando le pedí a Dios que quería servirle mejor. Hoy llevo casi dos años en esta labor. He aprendido mucho, ya que nunca había cocinado para tantas personas. Fue un reto difícil, especialmente porque tengo algunas enfermedades, pero mi Señor me compensa: Él me ha dado la fuerza necesaria y yo me he entregado completamente a Él y a mis hermanos».

Un comedor donde la solidaridad crece

El comedor de Morón sirve oficialmente almuerzo a 132 personas en estado de vulnerabilidad, pero siempre se cocina un poco más por si alguien más lo necesita y viene a pedir. Como diría de forma jocosa un día el Papa Francisco al pueblo brasileño, invitándolos a ayudar al necesitado: «Siempre se puede colocar más agua en los frijoles».

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Betsy Bilbao Carballo, voluntaria del comedor parroquial

Con su delantal bien colocado, Betsy pone en práctica lo que ha aprendido a lo largo de los años como gran madre y mujer del hogar. Su forma de hablar, dulce y pausada, junto a su luminosa sonrisa, invitan al diálogo y a la cercanía.

«Participo en el servicio del comedor como voluntaria junto con mi esposo. Ambos iniciamos nuestra labor a través de la Pastoral de la Familia, donde somos líderes parroquiales. La pasada Jornada Nacional de la Pastoral estuvo dedicada a las obras de misericordia, por lo que extendimos la invitación a nuestra pastoral familiar de la parroquia para colaborar en el comedor, como una manifestación de estas obras. Este fue un llamado más de Dios en nuestras vidas, y ese día, Él mismo puso un sello especial en nuestra misión. Desde entonces, cada jueves organizamos nuestros trabajos y nuestra vida cotidiana de tal manera que podamos estar al mediodía, dispuestos a poner nuestras manos al servicio de nuestros hermanos. Ayudo en la reflexión sobre el evangelio del día, invito a los demás a las celebraciones semanales que ofrece la iglesia, para que se acerquen más a la vida de fe y a Dios. También me involucro en la distribución de alimentos y en todo lo que sea necesario para apoyar esta noble causa».

Para Betsy, este acto de generosidad no solo alimenta los cuerpos hambrientos, sino que también nutre el espíritu.

El comedor se ha convertido en un faro de esperanza para muchos, pues resulta un lugar seguro y acogedor donde las personas pueden compartir una comida caliente y una conversación amistosa. A medida que continúa su noble labor cada jueves, sigue siendo un recordatorio concreto del poder transformador del amor al prójimo.
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Omar Mayea Hernández, beneficiario del comedor parroquial

«Le agradezco mucho a Cáritas porque nos ayuda a mí y a mi hermana de 95 años de edad, no solo con la comida, sino también con medicina y hasta con donaciones de ropa. Quiero mucho al personal y a los voluntarios de Cáritas; ellos son una muestra más de que Dios pone en nuestro camino a ángeles que, en ausencia de alas, tienen un corazón que arropa».

Beneficiaria Lucia Hdez
Lucía Hernández Ortiz, beneficiaria del comedor parroquial

«Para mí, Cáritas es un abrazo repleto de amor al necesitado. Nosotros, los moroneros, estamos muy agradecidos porque están realizando un trabajo grandísimo y necesario. Gracias a este comedor, no solo disfrutamos de un plato delicioso de comida, sino que también se abren espacios para relacionarnos con otros. Aquí hacemos reflexiones, tenemos momentos de fe y enriquecimiento humano, y eso es muy importante, sobre todo en estos tiempos».

Aselia de la Caridad Guevara Rodriguez
Aselia de la Caridad Guevara Rodríguez, voluntaria del comedor parroquial

«Vengo y ayudo con la lista. Llevo la comida a algunos necesitados que no pueden venir por dificultades de salud. Me siento feliz por poder poner mi gota de agua, recordando la frase de Madre Teresa: «Lo que hacemos es solo una gota de agua en el mar, pero el mar sería menos sin esa gota»- Cuenta Aselia-, a quien todos llaman Chichi, mientras toca una medalla de Santa Teresa de Calcuta que cuelga de una pulsera en su mano.

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Equipo de Comunicación Cáritas Diocesana
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