Los desayunos en La Merced

Por: Lupe Fernández, responsable de Cáritas en la iglesia Nuestra Señora de La Merced. Camagüey.

Con gran alegría recibimos en nuestra web la colaboración animosa de Lupe Fernández, fundadora de Cáritas en la ciudad de Camagüey que aún se mantiene en activo. Ella nos cuenta la historia del servicio de desayunos para personas mayores que desde hace más de 20 años acoge la iglesia Nuestra Señora de la Merced, en la Diócesis de Camagüey.

Camagüey, noviembre 2019- Corría el mes de julio de 1997, la situación en Cuba era difícil para todos; pero mucho más para aquellos en grado extremo de vulnerabilidad: los ancianos, las personas de muy bajos ingresos, los que viven solos o en las calles, con algún padecimiento mental o adicción alcohólica, etc.

El entonces rector de la Casa Diocesana La Merced, Padre Wilfredo Pino Estévez (hoy Monseñor),  me convoca a organizar un comedor para ofrecer alimentos a esas personas.

En la arrancada, se decide comenzar con desayuno dominical. Compramos lo necesario y comenzamos el  27 de julio de 1997, ofertando cada domingo un desayuno para ellos lo más cargadito posible.

El equipo se componía de Ramón Osorio, presidente del Consejo de nuestra iglesia; Salustio Sieres, también miembro del Consejo, y una servidora, que asumía la representación de Cáritas.

Recuerdo que comenzamos con tres beneficiarios el primer domingo; al mes, eran 60.

Poco a poco se fueron sumando otros colaboradores, como Lorinda Bencomo y Raquel Vázquez, ambas mayores de 70 años, pero con mucho entusiasmo.

No puedo nombrar a todos, es imposible, pero hay gente a la que no puedo dejar de recordar, como Angelita Caballero, Georgina Fernández, Norma Pando, Héctor Vázquez (quien aún se mantiene colaborando), Olga de Varona, Tomás Jiménez, Virginia Alayón  que nos acompañó por largo tiempo recibiendo a los beneficiarios en la recepción, y muchos más. De esta lista hay tantos que se fueron con el Señor, pero su obra en favor de los desprotegidos nunca será olvidada.

Durante estos 22 años, se han ofertado almuerzos, bolsas con alimentos, ropa y aseo. Y siempre, en primera instancia, amor, compañía, palabra de ánimo y de fe.

Actualmente el equipo está conformado casi totalmente por personas mayores de 60 años, y contamos con el joven Juan Carlos, q reparte por las casas conjuntamente con Héctor, haciéndoles llegar ese alimento tan necesario a los que ya están muy ancianitos y por el desgaste físico no pueden acudir.

La mecánica de nuestro servicio es la siguiente: llegamos a las 5 a.m. y preparamos el desayuno (para esto contamos con la ayuda de Fr. Martín, Clara Cores, Clara Gámez, Héctor Vázquez, Juan Carlos Orosco y una servidora). A las 6,30 a.m. las mujeres abrimos el servicio y los hombres salen a repartir.

A los ancianos se han sumado algunas personas con dependencia al alcohol, que con el paso de los años yo veo que han aumentado; en el 97 no eran tantos en las calles, y ahora duermen en cualquier puerta. Luego de 22 años tenemos experiencias innumerables y deseos de continuar ayudando al prójimo.

Deseo agradecer a Mons. Willy, por haber pensado en mí para tan linda tarea; a todos los que continuaron con caridad está misión: el P. Pacheco y más tarde a los Fr. Francisco, Marcos y especialmente a Fr. Martín, por su humildad y laboriosidad. También al padre Andy, actual rector de la Casa Diocesana. A todos los que han colaborado física o monetariamente; a los beneficiados, por poderlos servir; y sobre todo a Dios, por darnos la oportunidad, la fuerza y los recursos necesarios.

No quiero dejar de mencionar a Cáritas Camagüey, a Tito, a Luis, y a todos los que desde allí nos han ayudado. A los que desde sus posibilidades nos han aportado financiamiento y que no nombro porque conozco su humildad y sé que no les gustaría. A todos Dios les reconocerá en su momento.

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Lupe Fernández
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