La mano de Dios está ahí
La búsqueda de la verdad es el camino estrecho del que habla el Evangelio. Hoy saco a la luz esta historia, quizás ignorada, de la vida cotidiana pero que nos enseña que Jesús- Dios se hace presente.
Fue una sugerencia de Enrique Brocard Gallego, miembro de la Capilla Cristo Rey y amigo de la familia. Él me acompañó a conocer a Roberto Fonseca Batista, hombre de alta estatura, de 48 años que producto de la Glaucoma perdió su visión hace más de cuatro años. Llegamos a uno de los edificios que están cerca del policlínico René Vallejo Ortiz, ubicado en el reparto Camilo Cienfuegos de Manzanillo.
Su apartamento está en la segunda planta. Al tocar su hermana con amabilidad nos invitó a pasar y a esperar a Roberto quien andaba en busca del almuerzo. Allí vive con su mamá, igualmente ciega, postrada. Su hermana quien tuvo que dejar de trabajar para cuidarla y dos sobrinos que aún estudian.
Mientras esperábamos ella nos comentaba la difícil situación económica que atraviesan. De eso nos percatamos al presenciar su hogar humildemente amueblado. Anhela trabajar, tiene 45 años y desea en un futuro tener garantizada su jubilación, pero entonces ¿quién cuidará de su mamá? “Mi hermano no puede » decía en el momento en que Roberto abría con su llave la puerta de la casa demostrando independencia.
Se alegró con nuestra visita e inmediatamente se dispuso a contar su historia. «Cuando notaba que se me dificultaba leer, en mis guardias como custodio, enseguida acudí al médico, me hicieron todo tipo de exámenes. Pero lamentablemente la enfermedad era irreversible. Una doctora me explicó de manera breve el por qué me sucedió. Traté de entender, de asimilar lo que llegó después. Dejar de ver los colores de la vida. Y adaptarse a eso, créame es muy difícil. Tengo seguridad social, pero también la mano de Dios, que siempre está ahí, ayudándome, caminando a mi lado». Me decía Roberto cargando aún los alimentos en su bolso, pero sin ninguna premura por almorzar, sentado en un balance en la sala de su casa.
«Busqué al Señor para mil preguntas y las respuestas al cabo de los años las encuentro a través del Evangelio cuando escucho la palabra de Dios. A Él le pido todos los días perdón por mis pecados. A veces me molesto con mi hermana, o mis sobrinos porque no me comprenden, en algunos asuntos, que tienen que ver con los cambios, porque ya sabes el orden de las cosas es lo primero que fijo, sin embargo oro por ellos, por mi madre, por aquellas personas que puedan encontrarse en una situación similar y no aceptan la ceguera. Pido fortaleza y salud para caminar».
Enrique quien me acompañaba, fue el primer administrador que tuvo el comedor y me comentaba que a pesar de su situación familiar, es un hombre que no se desanima, «siempre busca un consejo, que lo lleve a tomar la mejor de las decisiones. Es una persona que a diario demuestra sus valores como ser humano, porque es muy correcto, de buen carácter, quizás por eso, ha logrado tener tantos amigos, conocer a mucha gente y a pesar de no haber alcanzado altos estudios, es inteligente. Las habilidades que ha obtenido le permite por ejemplo: subir y bajar solo las escaleras del apartamento, trasladarse hasta el comedor, la panadería en busca de su cuota de pan, en fin, que creo, que es obra de Dios, de su voluntad ante todo».
Roberto no solo memoriza el tramo hasta la Capilla Cristo Rey, donde llega con nasobuco, cumpliendo las medidas higiénico-sanitarias, tres veces por semana (lunes, miércoles y viernes) en busca de los alimentos que allí recibe, sino que también memoriza la sazón de quien los elabora.
Lidia Ramos y Guadalupe Arjona, son las encargadas de cocinar para los abuelos. Lidia nos dice– «Le tengo mucha estima a Roberto. Es uno de los primeros en llegar. Él y su mamá son las únicas personas invidentes a las que se les presta este servicio aquí, le encanta nuestra manera de cocinar».
Por su parte Guadalupe refiere: “es un hombre respetuoso, digno de admirar al cual ayudamos cuando se acerca al comedor para que no tropiece con nada, porque en la entrada los muebles constituyen un obstáculo para él, aunque la gente del barrio también lo guía, sobre todo en tiempo de lluvia cuando el pavimento está mojado».
De manera que se siente agradecido como cristiano Evangélico por el apoyo de sus hermanos católicos. «Dios es para todos»–comenta sonriendo–» el conoce todas mis necesidades, Él es quien me guía, me reconforta en momentos de angustias, me proporciona todo lo que necesito para vivir. Por eso creo que está aquí».
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