La casita de Cunagua: un viaje al corazón de personas mayores en Cáritas Ciego de Ávila
Texto y fotos: Diamela Leyva Fraga, comunicadora de Cáritas Cuba
En la fresca mañana, el equipo de comunicación emprendió un recorrido hacia el comedor del Programa de Personas Mayores, ubicado a unos 70 kilómetros de la ciudad de Ciego de Ávila, en la parroquia del Sagrado Corazón, una antigua zona de ingenios azucareros.
El trayecto, rodeado de una exuberante vegetación, se convirtió en un viaje de descubrimiento, guiado por Iliana María Perera Díaz, coordinadora del programa Aprendiendo a crecer, quien nos relató la historia de los municipios que cruzábamos y señaló a lo lejos la Loma de Cunagua, área ecológica de gran importancia por su biodiversidad.
La calidez de la casita

Al llegar, fuimos recibidos por Martha Alfonso Cobelo, responsable de Cáritas en Cunagua. En un ameno conversatorio, nos explicó que la casita ofrece desayunos de 8:30 a 9:00 a.m. de lunes a viernes. Cuenta con 30 beneficiarios del programa de Personas Mayores, aunque el servicio de desayuno está destinado exclusivamente para ellos, de estos 10 se les entrega el desayuno en sus hogares, producto a que su situación de discapacidad les impide trasladarse al comedor. Al beneficiar a los adultos mayores, también se proporciona un apoyo significativo a sus familias, de esta manera aseguran el desayuno de uno de sus miembros.

Además, cuenta con un grupo cultural que se reúne mensualmente, aunque las interrupciones en el suministro eléctrico dificultan la realización de sus encuentros. A pesar de estos desafíos, mantiene dinámicas recreativas que fomentan la agilidad física y mental de los beneficiarios.

Martha expresó su agradecimiento a Cáritas Ciego de Ávila y resaltó que, en tiempos difíciles, recibir alimentos y momentos de esparcimiento es una verdadera bendición. “Cuidar la salud mental de las personas mayores a través de juegos y ejercicios es fundamental para su fortaleza espiritual y física”, comentó.
Historias de gratitud

En medio de este ambiente de solidaridad, Iliana Lupes Guillermina, de 60 años, compartió su testimonio: “No tengo palabras para expresar mi agradecimiento, lo que hacen por mi madre y por mí. Cada día sabemos que tendremos nuestro desayuno garantizado”. Su madre, Estela Guillermina Ochoa, de 87 años, se beneficia del programa, lo que le brinda a Iliana tranquilidad.

Alicia Hernández Santos, de 80 años, es beneficiaria junto a su vecina Maria Luisa, de 87 años de edad. “Estoy súper agradecida por el programa, aunque tengo que caminar un poco para llegar, ha transformado mi vida”, expresó emocionada.

María Isabel Noda Pargo, de 81 años, voluntaria y beneficiaria, compartió: “La Iglesia es mi casa y esto es cumplir con Dios, preocupándome por el bienestar de los demás”.

Este día, además de su desayuno habitual, los beneficiarios recibieron un donativo de alimentos de la Soberana Orden de Malta, que apoya dos comedores en la diócesis de Ciego de Ávila.
Momentos de agilidad mental, física y motora

El ambiente de alegría se intensificó cuando Marthica anunció: “¡Vayan preparando las neuronas que voy a iniciar con el ‘Té de Cubanía’!” Este juego consistía en completar frases y adivinanzas, para mantener activas las mentes de los participantes. Risas y emoción llenaron la sala, mientras los equipos competían por responder lo más rápido posible.

Posteriormente, Miguel Jiménez Nelson, profesor de Cultura Física, guio a los beneficiarios en ejercicios adaptados a su edad, resaltó los múltiples beneficios para la salud, tales como el aumento en la resistencia cardiopulmonar, resistencia músculo-esquelética, fuerza, movilidad, coordinación; aumento en la velocidad de respuesta, además de mejorar la homeostasis y la adaptación a estímulos externos.

El día culminó con un delicioso café, preparado con granos cosechados por Clara Agüero Pereira, beneficiaria del programa que disfruta de sus 82 años. Este gesto fue un símbolo de la entrega y solidaridad que caracteriza a todos los que asisten a la casita en Cunagua.
Un legado de amor
A lo largo de la jornada, el amor al servicio y el agradecimiento a Cáritas fueron el hilo conductor. Como diría el salmista: “Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría…” (Salmos 30:11-12).

Al despedirme, guardo en mi corazón el brillo de los rostros sonrientes de los voluntarios, animadores y beneficiarios, así como la rosa que con pasión me regalaron y que aún conservo; el recuerdo de la fuerza de la comunidad y el poder transformador de la solidaridad.

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Que bendición esta linda obra que se está ejerciendo. Dios les multiplique los recursos para que puedan hacer y llegar a más!
Dios bendiga esa obra tan bella,que el Señor les multiplique los recursos para poder llegar a mas vidas y poder bendecirlos.Y tambien q la obra pueda crecer y sea conocida por todos, para poner el nombre de Cristo bien alto.
Gracias por sus palabras y buenos deseos! Así sea para gloria de Dios!!!
Dios bendiga esa obra tan bella,que el Señor les multiplique los recursos para poder llegar a mas vidas y poder bendecirlos.Y tambien q la obra pueda crecer y sea conocida por todos, para poner el nombre de Cristo bien alto.