Festival Literario «Había una vez…»
Por: Katiuska Fournier de la Cruz comunicadora Cáritas Cuba

El tímido sol de la mañana apenas calentaba la piel de los primeros asistentes y también a una Margarita Blanca que, con cara de cartulina y sonrisas, anunciaba la calidez del día. No fue el Ratón Pérez el primero en llegar, tampoco el niño con antifaz de gatico negro —tan negro como la noche— que preparaba su entrada hacia un escenario donde, muy pronto, la cucarachita Martina cambiaría su moneda de oro por un poco de diversión.
Olía a aventuras, a páginas de libros abiertos y a la emoción contenida de una jornada que prometía magia. Era el Festival «Había una vez…» y cada rincón del lugar era parte de una historia viva.

Entre la multitud de princesas, animales y flores parlantes se divisaba con una luz especial a los niños y adolescentes del Programa Grupos de Desarrollo Humano, de Cáritas Guantánamo-Baracoa. Ellos no solo representaban a los personajes; les soplaban alma nueva.
En cada representación artística, las páginas amarillentas de la memoria colectiva recuperaron los colores vibrantes de la infancia.

Una niña, con aires extranjeros y su gran perla encarnaba a la Mora: Su actuación versátil hizo ver el mar azul, la perla y cordura perdidas. En otro momento, Hansel y Gretel hicieron golosear la casita de dulces y el feliz regreso al hogar tras derrotar a la bruja.
El festival fue más que un desfile de clásicos cuentos, se transformó en un territorio sin edad, donde los matices de la fantasía reinaron durante toda la mañana.

En el concurso «Mi libro favorito», las huellas de la literatura se hicieron visibles en dibujos llenos de amor y verdad, en relatos cortos donde la bondad de Nené y Pilar dejó de ser prosa y verso para convertirse en una lección. Cuán grato ver sus rostros al recibir premios y aplausos en honor a sus obras y narraciones.
Durante cada representación, la magia cristalizó esencias. Una abuela que filmaba todo con su teléfono perdió de vista la composición fotográfica pues su mirada no se concentraba en la pantalla, sino que vivía fija al escenario, a los niños, a la nostalgia del pasado. El hechizo de las historias la alcanzaba. Volvía a ser niña. Y ello, reveló un inesperado regalo del festival: recordar a los adultos cómo se siente vivir una lectura, a la vez que inspiraba a los pequeños el placer de la lectura.
El reino de «Había una vez…» renació este día para demostrar que las historias que amamos en la infancia son las que, al final, nos enseñan a ser… Y que disfrutarlas no requiere de grandes sacrificios, sino simplemente de un alma dispuesta a vibrar, ya sea con las páginas de un libro gastado o con la representación de un clásico que, por un día, volvió a nacer ante los ojos.
«Y entonces,como si el guión lo hubiera escrito la magia misma, llegó el cierre. Un coro de voces infantiles llenó el aire, entonando aquel verso que lo resume todo: «Que canten los niños…» La misma emoción celestial que trajeron los personajes al inicio, ahora partía de una melodía que no solo motivaba y seducía, sino que sanaba. En las caras de los padres y voluntarios de Cáritas se descubría la nostalgia y satisfacción de una canción que también fue suya.

De esa forma el festival tendió un puente de tinta y papel entre varias generaciones, unidas por las mismas eternas y ricas historias compartidas en la experiencia de Biblioteca Itinerante «Cita entre libros», que motivó encuentros en varios talleres del Programa. De ahí surgió el sueño cumplido hoy en esta fiesta que dejó el siguiente mensaje:
Mientras haya un niño dispuesto a darle vida a un personaje y un adulto que recuerde su infancia, los cuentos nunca morirán. Solo aguardan, entre páginas, festivales y sucesos de vida a que volvamos a decir: Había una vez…»
























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