Elly y Ernesto: Con Cáritas crecemos todos.
Por: Equipo de Comunicación Cáritas Diocesana
“El taller me enseña a mirar desde un punto de vista más humano y sensible a las personas que presentan alguna discapacidad. En realidad, los beneficiarios me han ayudado más de que lo que yo pueda aportar a sus vidas. Me siento realizado”, confiesa Ernesto Hernández Rodríguez, uno de los animadores del taller Florecer de Jesús, perteneciente al programa Aprendiendo a crecer, de Cáritas Guantánamo –Baracoa.
Él y su esposa Elly Laida Frómeta Preval atienden a unos 14 beneficiarios de diferentes edades, entre adolescentes y adultos, con Parálisis Cerebral Infantil (PCI), Retraso Mental Moderado y Síndrome Down, entre otras patologías.
“En este taller, que funciona en la parroquia El Buen Pastor, buscamos un camino para estas personas que viven con alguna discapacidad mental o física, con el propósito de lograr su desarrollo como seres humanos y la inserción en la sociedad. Una de nuestras grandes alegrías es ver cómo muchos de ellos ganan en conocimientos y habilidades para ser independientes y, sobre todo, vivir de manera digna. Hemos logrado que mejoren en la comunicación, los llevamos a comer, los sacamos a pasear y se sienten bien, no están solos ni aislados. Por eso, Aprendiendo a crecer es el mejor nombre para nuestro programa.

“Otros no alcanzan ese desarrollo debido al grado avanzado de sus patologías, pero logran un poco de autonomía y comunicación con el resto de las personas. Ya saben abrocharse los zapatos y vestirse solos, entre otras acciones que les permiten valerse por sí mismos en la vida”, expresa Ernesto con beneplácito.
“Nuestra fórmula es trabajar mediante los juegos, la estimulación y la enseñanza constante con amor, dedicación y sin cansarnos de repetir porque, de lo contrario, ellos no llegan a esas metas tan necesarias para su desarrollo”, afirma Elly.
“También los enseñamos a rasgar, a picar con las tijeras, entre otras técnicas de las manualidades que ayudan a ganar en habilidades; y lo hacemos de manera amena y divertida, para incentivar su interés por estas labores”, expresa Ernesto y puntualiza:
“Algunos olvidan lo que les enseñamos o se desconcentran en medio del taller y debemos reiterar. También en ocasiones algunos familiares no continúan esta formación en casa y nos resulta más complejo entonces lograr el esperado avance en estas personas con necesidades educativas especiales. Por eso es un mayor desafío para nosotros.
“De ahí que mantenemos un vínculo estrecho con la familia y otras personas cercanas, a quienes también enseñamos, para continuar nuestro trabajo en el hogar”. Este apoyo es fundamental y ahí radica otro de los logros, asegura Elly. “Conocimos algunos padres que se negaban a salir con los hijos por ser diferentes a los demás y ya hemos logrado que los lleven a los lugares públicos, para que conozcan el mundo e interactúen en sociedad”.
Para estos voluntarios, no se trata de una tarea difícil, sino de mucho amor y constancia. “Como animador tiene que gustarte este quehacer y conocer a los beneficiarios, pues cada cual tiene su propia personalidad con gustos e intereses diferentes”. A partir de esa experiencia preparan los encuentros siempre con el corazón abierto para motivar y guiar.
Esta labor también une más a Elly y a Ernesto, los nutre en su relación como padres de Carla, su hija mayor diagnosticada con una Parálisis Cerebral Infantil. “Incorporarnos a este taller, primero como beneficiarios junto a la niña y luego convertirnos en animadores, nos cambió la vida. Yo estaba muy choqueado, tras conocer la enfermedad que padece mi hija, y recibí hasta tratamiento psicológico; pero integrarme al taller me hizo ver que había esperanzas para nuestra familia”, comenta emocionado Ernesto.

“Con los médicos, psicólogos y otros especialistas que participan en el taller, aprendí de las limitaciones pero también de las posibilidades que pueden tener personas como mi hija. Ya no me sentía tan solo, veía que había otras personas en la misma situación y que lo enfrentaban con optimismo y esperanza. Me fortalecí como padre y ser humano”.
Por su parte, Elly expresa: “Cáritas me hizo entender que no todo terminaba con la discapacidad, sino que existe un camino y vida para estas personas y sus familias, que sí se pueden lograr cosas”.
“Con la fe que nos inculcaron, comenzamos a trabajar juntos. Tuvimos muy buenos animadores, fuimos perdiendo aquel temor y enfrentamos la patología de la niña de manera diferente. Nos dimos cuenta que íbamos a lograr muchas cosas con amor, paciencia y perseverancia”. Así ha sucedido, hoy Carla es una niña muy inteligente, ya camina con un andador y muestra otros avances sorprendentes como ayudar a sus padres en los cuidados de sus hermanos gemelos.
“Hoy hace más de 4 años que nos involucramos en el trabajo del taller, junto a otras 4 animadoras, y confieso que esta labor nos ha aportado como padres y seres humanos. Realmente no solo crecen los beneficiarios y sus familias, como quiere el programa, crecemos todos”, asegura Elly.
Esa es la mirada y empeño de Aprendiendo a crecer junto a nuestra iglesia, defender la vida por encima de todo y caminar por un mejor porvenir.
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