¿Cuidar o escalar una montaña?
Texto y fotos: Roberto Alfonso Lara

El cineasta sueco Ingmar Bergman acuñó una frase propia de su celebridad: «Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena». Así dicho parece una verdad de facto; sin embargo, para muchos fuera imposible llegar a la cima si no tuvieran una mano a la cual asirse.
Acompañar, atender, cuidar…, emerge cada día como necesidad ineludible en el mundo contemporáneo, y especialmente en Cuba, con marcada tendencia al envejecimiento de su población. Tal volvió a ser el motivo al reeditar el Curso de adiestramiento para cuidadores que, desde 2018, ofrece el Programa de Personas Mayores (PPM), de Cáritas Cienfuegos.
Tras las ediciones realizadas fuera del entorno urbano de la Diócesis del centro sur de Cuba, en los municipios de Lajas y Palmira, la iniciativa de formación regresó a uno de sus espacios habituales: la Santa Iglesia Catedral de Cienfuegos, donde concurren este mes de marzo alrededor de 30 talleristas.
La balanza entre necesidad y sensibilización
Dagoberto Urquiza Oceguera, un joven de 38 años, figura entre los pocos hombres inscritos, pues todavía en la sociedad cubana la tarea de cuidar es asumida mayoritariamente por las mujeres. «Decidí asistir para sensibilizarme más con el dolor de mi madre y encontrar herramientas para cuidarla mejor a ella. Aquí nos enseñan a valorar al enfermo, a ponernos en su lugar, de modo que nunca se sienta como un objeto desechable», afirmó.

Otras vivencias impulsaron a Kenia Rodríguez Ramos, de 53 años, a matricularse en el curso, a pesar de lidiar con días muy ajetreados, al cuidado de sus padres, dos ancianos ya octogenarios.
«Ambos sufren padecimientos y enfermedades de base. Mi mamá, por ejemplo, tiene problemas respiratorios, ha hecho varias crisis, no puede salir a la calle y exige de mi ayuda en la casa porque carece de validez total para muchas cosas. Por eso, espero salir más preparada, con los conocimientos básicos para atenderlos a ellos», expresó.
Kenia, al igual que otros, encara una realidad que quizás no vio venir en el transcurso de las estaciones. «Esta, dijo, es la primera vez que me enfrento a cuidar adultos mayores, y así de simple lo vemos como algo fácil, pero no lo es».
Espiritualidad y perspectivas nuevas

Los doctores Alfredo A. Espinosa Roca, Caridad M. González Aragón e Iván Castillo Ledo, especialistas en Medicina Interna, Geriatría y Psiquiatría, respectivamente, conforman, junto Liset Rodríguez Ferrer, licenciada en Enfermería, un claustro de alto prestigio en la Diócesis de Cienfuegos. Esta constituye una de las fortalezas del Curso de adiestramiento para cuidadores reeditado en la Perla del Sur.
Adys Leyda Jiménez González, de 53 años, supo de la convocatoria allá en el asentamiento rural de Cartagena, del municipio de Rodas, e informada de la calidad del programa lectivo, no dudó en inscribirse. «Pertenezco a la última generación de la familia y todos están a mi cargo: mi mamá, mi tía; y antes mi papá, ya fallecido. Apenas tengo experiencia, pues lo que he vivido ha sido enfrentando lo que me tocaba, sin ayuda para mí. Esa es la razón por la cual considero muy bueno el curso: ofrece herramientas, nos brinda espiritualidad, paz, y sin tanto estrés», sostuvo.

En la treintena de talleristas matriculados, la cotidianidad de Niurka Arencibia Sosa, de 49 años, dista del resto. Ella es una madre que cuida de Jairo, un joven de 24 de edad diagnosticado con parálisis cerebral infantil. Su montaña luce más empinada, pues también atiende a los padres, dos personas mayores requeridas de acompañamiento.
Él (Jairo) depende totalmente de mí, y mi mamá y mi papá igual demandan asistencia en algunas cuestiones. Vine al espacio con la expectativa de adquirir nuevas habilidades para el cuidado de ellos, y hasta ahora siento que me ha permitido entender y percibir las cosas de otra manera. La única sugerencia es ampliarlo a otros grupos, porque no solo los mayores necesitan cuidados”, opinó.
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