Cuando ellas hablan
Texto y foto: Roberto Alfonso Lara
En la decena de beneficiarios del taller Amor y Esperanza, de la Parroquia La Santa Cruz, del municipio de Cruces vinculado al Programa Aprendiendo a crecer (Aac), de Cáritas Cienfuegos, se descubren estampas familiares que hablan por ellos. Fue así que llegamos a María Caridad, Nancy, Leonor, Miriam y Regla Antonio, cinco mujeres en cuyas historias podrían mirarse otras que, en la Cuba de estos tiempos, cuidan de personas en situación de discapacidad física e intelectual.

YO LE DIGO MI NIÑA
«Me llamo María Caridad Santos Armenteros y soy la hermana de Milagritos. Ella participa en este taller desde joven y recién cumplió 55 años. Le digo mi niña, pues cuando nuestra madre falleció, asumí como su tutora universal. Ya desde antes, era quien la traía al grupo, y aquí participamos juntas en actividades y reuniones, porque eso la distrae».
«Nosotras no salimos prácticamente a ningún lugar, y cuando le digo que vamos a la Iglesia, la noche previa casi ni duerme. Prepara y organiza todo, se preocupa por cómo amanecerá el día. Milagritos tiene una mente casi infantil, pero es muy obediente, no rompe nada, me ayuda a sacudir, a barrer».
«La traje a vivir conmigo después de la muerte de mami. Antes estaban ellas solas en la casa, y yo les daba una vuelta. Resultaba un tanto difícil, porque también debía atender mi hogar (hija, nieto, esposo); entonces, montaba sobre la bicicleta, y era de allá para acá, y así. En casa le enseñé mis hábitos, y si ahora vamos a cualquier restaurante, sabe manejar los cubiertos correctamente y entiende muy bien cuanto le decimos».
POR EL PROGRAMA, ELLA QUISO SALIR
«Dianelis cumplió 35 años y no le gusta salir de casa, pero a través del Programa de Cáritas Cienfuegos, por lo menos viene aquí a la Iglesia», confiesa Nancy Mena Pérez, madre de la joven beneficiaria del taller Amor y Esperanza, localizado en el municipio de Cruces».
«Comenzó en este espacio cuando tenía doce años y siento que le ha hecho bien. Participa en las actividades, baila y, aunque no habla del todo, si ve a alguien por la calle, enseguida lo reconoce y me dice: mira, mamá».
«Por mi parte, también he sido beneficiada. Solo cuando venimos al taller puedo salir. Debido a su situación de discapacidad, vivo para cuidarla a ella. Sin embargo, acá me distraigo y recibo las charlas de padres que nos sirven mucho».
LA DICHA DE QUERERLO
«Soy Leonor Hurtado Aguilar, la mamá de Noslen, un joven de 22 años que gracias a este Programa salió adelante y ha aprendido cosas nuevas. Empezó aquí de niño, a los cinco de edad, y por medio de las maestras y los voluntarios, hoy es una persona más independiente».
«Incluso, el profesor Santiago le enseñó a pintar y llegó a ganar un concurso. Por eso, me siento contenta: mi hijo baila, dibuja, goza, se ríe, y siempre luce alegre. Agradezco principalmente a Dios por darme la dicha de tenerlo, y quererlo».
ESTAMOS CONTENTAS POR LA AYUDA
«Llegamos al taller Amor y Esperanza cuando ella tenía 17 años», recuerda Miriam Herrera, la madre de Maylin, otra de las beneficiarias de Aac en la Diócesis de Cienfuegos. «Fue muy provechoso para ambas: despejamos nuestras mentes, y cada vez que nos avisan de cualquier actividad, no duerme; llora por venir».
«Ella se relaciona con todo el mundo, y si ve a la maestra por la calle o a otros miembros del taller, los saluda cariñosamente. También estamos muy contentas por las ayudas que nos ofrecen. Antes de la pandemia del coronavirus, íbamos con más frecuencia a las actividades organizadas por Cáritas en la ciudad de Cienfuegos; la época es otra, y ahora dos veces al mes venimos acá a la Parroquia de Cruces».
VIVIÓ UN LARGO DUELO
«Mi nombre es Regla Antonia Suárez Domínguez, la tía de Yaité, quien desde los cuatro años asiste a este espacio. Lo hacía, primero, con su mamá, pero al fallecer mi hermana, debí hacerme cargo y desde esa etapa participio con ella en todos los encuentros».
«Yaité vivió un periodo de duelo muy largo, se puso renuente, y fueron las monjas de Cienfuegos quienes la ayudaron a conocer a Dios, a relacionarse. En el taller, específicamente, las dos hemos aprendido muchísimas cosas; incluso, juntas montamos una obra de teatro para niños que llamamos ¿Qué quieres de mí, sociedad?».
«Aunque a veces todavía conserva cierta tristeza, por lo general es una muchacha entusiasta, preparada e independiente. Le gusta bailar y pintar; realizó una exposición de artes plásticas en el Paradero de Camarones relacionada con el alumbrado público en este sitio. Ha logrado incorporarse a la sociedad y eso es algo muy positivo».
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Son mujeres valientes que empujan cada día para regalar lo mejor de sus sonrisas. Junto a ellas muchas otras agradecen por tanto amor y entrega de papá Dios a través de la mirada de Cáritas Cienfuegos.