Bárbara Landín, mujer virtuosa de Cáritas
Fotos: Lourdes Abuin Landín y Cortesía de la autora
Por: Lianet Fundora Armas
Bárbara Landín Sánchez asegura que Cáritas cambió su vida. Una y otra vez, mientras responde a mis preguntas, resalta esta idea que se sustenta en más de 17 años de servicio al prójimo.

La referencias que he recibido sobre Barbarita elogian a la mujer de voluntad incansable; desandando las calles del municipio de Perico con un saludo para todos; la de alma hospitalaria cuyo hogar deslumbra al visitante entre el aroma del café y un patio de plantas verdísimas como la esperanza que siembra en otras vidas.
Sin embargo, las descripciones más conmovedoras hablan de la acogida que procura a los beneficiarios del comedor de la parroquia San Miguel Arcángel; de sus recorridos en coche para acercar el alimento a quienes ya no pueden ir en su busca; de los enfermos cuyo semblante se transfigura al verla llegar con palabras alentadoras.
“Mi primera misión como voluntaria de Cáritas fue animar a un grupo de beneficiarios con Síndromes de Down, una experiencia maravillosa donde aprendí muchísimo de ellos.
“Antes de la llegada de Cáritas ya brindábamos almuerzos en la parroquia, proyecto que luego se consolidó gracias al Programa de Personas Mayores. Un buen día hablaron conmigo para que asumiera la responsabilidad del comedor, porque quien desempeñaba estas funciones estaba mayor y se iba para Matanzas. Lo acepté felizmente porque me gusta ayudar al prójimo, sentí que podía.

“Cuando uno comienza a trabajar con las personas vulnerables adquiere una visión diferente. Nos damos cuenta de que todos somos frágiles, pero algunos han tenido un camino de sufrimiento constante. Acompañarles va sensibilizando nuestro corazón. Es increíble los sentimientos que afloran cuando uno visita a esos hermanos que viven en situaciones difíciles”.
Para Barbarita la principal cualidad que debe tener un voluntario de Cáritas es la humildad, sentir que recibe mucho más de lo que da, porque el cariño se multiplica durante el ofrecimiento diario por el bien común.


“En el comedor no solo ofrecemos alimentos, también procuramos que no falte la espiritualidad. Hacemos oraciones, compartimos anécdotas, cantamos…Me gusta saludarlos personalmente, conversar con ellos, sostener sus manos para enseñarles a hacer la señal de la cruz. En ocasiones nos han donado prendas de vestir y aprovechamos también este espacio para entregarlas.
“No son solo beneficiarios, son amigos que se acercan a contarme sus problemas, como si uno fuera un sacerdote, porque tienen una confianza enorme”.



Barbarita reconoce que sostener el servicio de alimentación con la mayor calidad posible es una proeza en estos tiempos difíciles, pero la solidaridad de la comunidad nunca falta. A ello se suma su gratitud por el equipo increíble que la respalda en la cocina y en cuanta iniciativa surja para hacer florecer la alegría.


A veces, en medio de su vorágine cotidiana evoca con nostalgia a su esposo que ya partió al encuentro con el Padre y cuyo testimonio de fe es recordado todavía en la parroquia. Sin embargo, no deja que la tristeza la invada y vuelve a transitar por las calles de Perico, preguntando el precio de una vianda para variar el menú; gestionando medicamentos; calzando a quien tiene los pies desnudos; proclamando con obras un Evangelio vivo. Para ella Cáritas se resume en esos gestos que evidencian “la mano de Dios extendida a su pueblo”.
Visitas: 2

