Abuelos y mayores en Cienfuegos: una «pausa» a la difícil realidad
Texto y fotos: Roberto Alfonso Lara

«Estaba deseando que amaneciera para venir aquí», comentó Digna Morejón Arce, quien a sus 76 años pertenece al grupo de personas mayores de la Catedral de Cienfuegos y, sabedora de la celebración por la V Jornada Mundial de los Abuelos y los Mayores, se propuso asistir al encuentro mensual que siempre los reúne.
«Participar en el grupo es como estar con Dios; sinceramente, nos cambia. Apenas llego y me siento aliviada del estrés, de la presión constante que vivimos (¡ayer fueron más de 30 horas de apagón!), y el espacio ayuda a recobrar nuestros ánimos», agregó Morejón Arce, beneficiaria, además, del Programa de Personas Mayores (PPM), de Cáritas Cienfuegos.
La cita, en vísperas del 26 de julio, Día de los Abuelos, y del domingo 27, quinto capítulo de la referida jornada, quiso ser para ella y el resto de beneficiarios ese lugar «donde salirse de todo lo externo, ponerle una pausa, y disfrutar, compartir, conversar», afirmó Eileen Beritán Jiménez, animadora del grupo de PPM en la Santa Catedral de la Purísima Concepción, de la Diócesis del centro sur de Cuba.
Jóvenes, arte y servicio

En la misiva publicada a propósito de la V Jornada Mundial de los Abuelos y los Mayores, el Papa León XIV mencionó que la vejez constituye un tiempo de bendición y de gracia; una esperanza de la cual las nuevas generaciones pueden beneficiarse para construir su futuro hogar sobre la roca.
A partir de este axioma, jóvenes artistas convocados por la Cáritas diocesana obsequiaron al grupo de ancianos de la Catedral de Cienfuegos momentos de realce cultural, con protagonismo para la canción de autor, la décima y la poesía. La instructora de arte Nuria Vega Valdés, acompañada por integrantes del proyecto Los Juglares de Aída, transformó el espacio en una cita con la alegría, a contracorriente de lo que hoy impone la realidad cubana en crisis a su población envejecida.

«Los intercambios intergeneracionales son muy buenos para los adultos mayores desde el punto de vista emocional. Ayudan a que no se sientan solos, y uno descubre aprendizajes complementarios entre jóvenes y viejos», dijo Beritán Jiménez, quien con 38 años decidió asumir la animación del grupo, «porque hallé que era una manera de servir a Dios», apuntó.
«Muchas veces en las familias se carece del tiempo y de las condiciones que permitan a los ancianos expresarse. Por eso, en los encuentros procuramos que hablen, se rían y diviertan. Desde el plano espiritual es algo que también necesitan para poder enfrentar las dificultades de la cotidianidad», reflexionó la joven animadora del PPM, en Cáritas Cienfuegos.
La vejez de Aida Bécquer Cabrera, de 81 años, asoma como testimonio de lo expuesto. «Llevo años siendo beneficiaria del servicio de almuerzo en la Catedral (los lunes, miércoles y viernes) y casi siempre vengo a las actividades del grupo de personas mayores. Me gusta porque aprendo cosas nuevas, y me despejo un poco de los problemas diarios, de esto, aquello, lo otro, y es un rato agradable que pasamos aquí», expresó.

La V Jornada Mundial de los Abuelos y los Mayores contribuye otra vez a la amplificación de las buenas prácticas y experiencias que desde la Iglesia Católica se fomentan en favor de los ancianos, conscientes de que, en tiempos de marginar y olvidar, los escenarios resultan cada día más exigentes y, aun así, el llamado es a ser signos de esperanza.
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