Salpicar de bien la Navidad

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Fotos y texto: Katiuska Fournier de la Cruz


A Claudia le brillan los ojos y la sonrisa. Junto a dos de sus hermanos asiste hoy a un encuentro intergeneracional de niños del Taller Atardecer de colores y las artesanas de dos parroquias citadinas: La Milagrosa y el Buen Pastor.


La decoración de la Casa de Formación de Cáritas en la diócesis de Guantánamo-Baracoa muestra un variado colorido con luces que avivan energías y se invita a la creación de una bolsa de regalo navideña tras socializar los pasos para la confección de esas obras.

Más allá de la propuesta, es ocasión de acercar a beneficiarios de ambos programas, el de Grupos de Desarrollo Humano y Personas Mayores e inspirar a una conexión de emociones y saberes en una atmósfera única para el lenguaje del amor.


Manos en retoño se aprestan a doblar, cortar, dibujar, bajo la guía de otras con huellas de años y caricias. Es un ejercicio donde la sabiduría se comparte y multiplica, además de esparcir bondad y empatía, respeto y solidaridad.


Las horas regalan toques singulares a esta escena de alianza entre niños, adolescentes y ancianos cuyo espíritu de Navidad impregna el ambiente. Se entremezclan voces y alegrías conforme avanzan las piezas manuales.


Cierta periodista se cuela y en medio de la hora productiva curiosea sensaciones:


Claudia Isabel (12): “Me entusiasmo de participar en este taller. Aquí se aprende y se ve lo bonito de las relaciones. Me encanta la Navidad porque es algo motivador, se está de fiesta, se adornan arbolitos”


Oscar Junior (11): “La Navidad es momento de compartir con la familia. Son días de descanso de la escuela y el trabajo para estar juntos.”


Mireisy (68 años): “Este tipo de actividades son importantísimas por la transmisión de conocimientos, además de que nos revive por la energía y alegría de los niños.”


Vanesa (11): “Me gusta la Navidad y hacer cosas en el taller. Bailamos, aprendemos, nos llevamos bien.”


Maikol (10): “En Navidad hay paz, tranquilidad, se dan regalos. Esta bolsa navideña que hago se la regalaré a mi mamá.”


Brianna (11): “Desde chiquitica estoy en este taller. Dibujo, recorto, bailo, hago artes manuales. He aprendido a respetar a los amigos del taller, a no fajarme con ninguno.”


Samanta (10): “Me gusta hacer arte en el taller. Nos llevamos bien. Aprendemos de la amistad, cuidarnos entre nosotros y a no pelearnos.”


Marlene (69): “Este encuentro es bueno porque así cogemos experiencia del trabajo entre todos. También es una manera de que los niños aprendan a hacer cosas bonitas para la Navidad.”


Yurisnaivy, madre: “Considero valioso este taller donde mis hijas aprenden, se educan, se sienten bien. Me ha gustado este encuentro para que aprendan a intercambiar con personas mayores, a respetarles y aprender de ellos.”


Concluye la práctica creativa y cada uno de los menores muestra el regocijo de sus manualidades.


Seguidamente, se anuncian los ganadores del Concurso Detalles Navideños, un certamen tradicional de las artesanas que se distingue por la originalidad, ingenio y belleza de obras cuya confección recobra la vida de disímiles recursos del entorno.


Es visible el entusiasmo en los rostros, aliciente de dichas en el que también se hace notar el interés por otras rondas de comunión y crecimiento humano.


Antes de la despedida, se comparten delicias. Pocos ven a Claudia restar parte de la merienda de ella y sus hermanos. En casa, otros tres muy pequeños disfrutarán también de esos sorbetos sabrosos que su familia no puede costear.


Al ver una escena así, comprendo a ese Niño que se dona al mundo y esparce esperanza y amor sin reservas. La Navidad es una Claudia familiar y bondadosa, un voluntario diligente, una artesana hacendosaes la bendición de acoger y ser acogido, de sonreír y sorprender, de animar los días de alguien triste y mucho más. Es salpicar de bien la esencia que nos rodea.

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